miércoles, 10 de noviembre de 2010

KIRCHNERISMO Y NEOLIBERALISMO: UN PROBLEMA DE IDENTIDADES.

KIRCHNERISMO Y NEOLIBERALISMO: UN PROBLEMA DE IDENTIDADES.

Lic. Patricio A. Brodsky

10/11/2010

Hasta hace poco en nuestro país estábamos viviendo una época de crisis de las identidades colectivas de la modernidad y de los valores que ellas encarnaban. Cuando miramos retrospectivamente y vemos algunos momentos de la historia nacional nos encontramos con un panorama sobrecogedor. Estábamos transitando un camino hacia la disolución de la identidad nacional cuyo pico más evidente fue la crisis del “que se vayan todos” de finales de 2001.

En realidad estábamos viviendo un proceso en el cual se produjo un fuerte hiato entre el pueblo y sus representantes, se vivía un proceso de ruptura de las identidades colectivas debido al atravesamiento de procesos de transformación identitaria, básicamente una escisión entre los representantes y sus representados, un proceso de despolitización y de desaceleración y desarticulación de las identidades colectivas setentistas cuyo clímax se vivió durante la década del 90 y su continuación Delarruista.

El surgimiento de este proceso está dado por la banalización postmoderna de cierto estrato de la dirigencia política, hecho evidenciado en la mercantilización de la política (el tratamiento de las campañas electorales como “campañas publicitarias” y no como hechos políticos.

El trasfondo de esto es que mientras el sujeto histórico de la modernidad fue el ciudadano, el sujeto histórico de la postmodernidad es el consumidor. Así es como en nuestro país se produce la transmutación de la conmemoración de las fiestas patrias; ritos identitarios que forman parte de lo que Pierre Nora llama "Lieux de la Memoire" los cuales que implicarían lugares de producción y reproducción de la memoria (y por ende de la identidad) colectiva, cambian y se vuelven parte del mercado de consumo del tiempo libre (el corrimiento de los feriados a los lunes para "fomentar el miniturismo", tal como alegan los responsables de este proceso de crisis identitaria).

De este proceso de crisis de las identidades se derivan otros problemas que aquejan a nuestra sociedad; por ejemplo la tan mentada "crisis de representación", ya que es perfectamente coherente que si los ciudadanos ya no se sienten tales, sino que se sienten consumidores, ya no se sientan representados por el sistema de representación política. De igual manera este cambio identitario fortalece la ruptura de las grandes utopías colectivas a través del fortalecimiento del individualismo; esto es que mientras el proceso de "ciudadanización" es necesariamente colectivo, el proceso de "mercantilización" es escencialmente de carácter individual (y ahora, a partir d los cambios introducidos por el "toyotismo", habría que agregar atomizado y estratificado según el poder adquisitivo). Esto último, adicionalmente, evidencia y fortalece las desigualdades de clase.

La esencia de estos procesos de “balcanización" identitaria será quiebre de una identidad colectiva y su reemplazo por una cantidad de identidades "microfísicas" y confrontadas, un proceso de inviduación de lo colectivo, es lo homogéneo que estalla en una fragmentación heterogénea, proceso como el descripto por Juan Villarreal en Los Hilos Sociales del Poder.

Soy uno de los miles, tal vez millones de argentinos, que en el 2003 no comprendíamos lo que estaba ocurriendo, con una mirada superficial protestábamos porque decíamos “no es posible que los peronistas diriman sus internas en las elecciones nacionales”, lo que no podíamos entender en ese momento era que se estaba produciendo la confrontación de dos modelos diferentes, opuestos polarmente.

Los gobiernos anteriores al 2003 apostaban y fomentaban este proceso de fragmentación, la neoliberalización de la sociedad.

El gobierno inaugurado por Nestor Kirchner implica lo opuesto, la recuperación de los proyectos colectivos, la repolitización de lo político (su desmercantilización), el fortalecimiento de las utopías colectivas, y esto no desde lo reclamativo sino desde políticas concretas. Basta ver la evolución de algunos indicadores económicos y sociales para ver a simple vista el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

El sociólogo argentino Juan Villarreal en su obra “Los Hilos Sociales del Poder”[1], describe las transformaciones sociales producidas en la estructura social argentina, él habla de un proceso de “homogeneización por arriba” (entre las clases dominantes) y un proceso de “heterogeneización por abajo” (entre las clases trabajadoras); este proceso de heterogeneización consistió en un proceso de segmentación y estratificación de la clase obrera argentina. Este proceso, desde mi punto de vista, continuó a tal punto que llegó a colocar al país al borde de la disolución nacional hacia finales de 2001.

Tabla 1 - Evolución de la Tasa de Desempleo Argentina 1963-2010 (Fuente: INDEC)

Como podemos observar en la tabla de evolución del desempleo en Argentina, claramente desde el ascenso de Menem al gobierno (1989-1999), un crecimiento exponencial de la tasa de desocupación, llegando al máximo durante el descalabro económico y social del gobierno de De La Rúa (1999-2001).

Tabla 2 - Evolución de la Tasa de Indigencia y de Pobreza en el GBA (en Porcentajes)

Tasa de Indigencia y de Pobreza para el conglomerado GBA 1988-2010. Fuente: INDEC

Con respecto a la evolución de la desigualdad en Argentina vemos que, siguiendo el coeficiente de Gini[2], en los conglomerados urbanos ha variado de la siguiente manera:

Tabla 3 - Distribución de los ingresos (para áreas urbanas) 1990-1998 (en porcentajes)

Año

Coeficiente Gini

1974

0,35

1981

0,39

1985

0,42

19901

0,46

19911

0,46

19921

0,45

19931

0,46

19941

0,46

19951

0,47

19961

0,48

19971

0,48

19981

0,49

19992

0,50

20002

0,51

20012

0,52

20022

0,58

20032

0,53

20043

0,50

20054

0,50

2006

0,48

2007

0,46

2008

0,47

2009

0,46

2010


1Fuente: “Un pueblo pobre en un país rico”. Informe de la pobreza en Argentina, Banco Mundial.

2 Fuente: Gary S. Fields and Maria Laura Sanchez Puerta. "How Is Convergent Mobility Consistent with Rising Inequality? A Reconciliation in the Case of Argentina" 2005. Available at: http://works.bepress.com/gary_fields/30

3 http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1132980

4 Fuente INDEC, citado en http://rolandoastarita.wordpress.com/2010/08/18/distribucion-del-ingreso-en-tiempos-k/

Aquí vemos uno de las grandes tareas que le quedan por delante al gobierno, la redistribución de los ingresos para hacer un país menos desigual, aunque actitudes como la de Julio Cobos, operando para la oposición desde el cargo de vicepresidente en el asunto de la 125, las retenciones a las agro-exportaciones, no es responsabilidad exclusiva del gobierno la perduración de la desigualdad.

En relación a la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre según el ingreso de cada uno vemos que la misma tiene forma de una curva ascendente:

Año

Relación de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la sociedad (en veces)

19741

5

19802

21

19902

27,1

19941

18

20012

33,9

20022

46,6

20051

31

20073

28,3

20084

24,5

20095

22,6

20105

22

1 http://puppo2009.blogspot.com/2009/08/brecha-entre-ricos-y-pobres.html

2 http://argentina.indymedia.org/news/2002/08/43612.php

3 http://fortunaweb.com.ar/despues-de-cuatro-anos-el-indec-revelara-la-diferencia-de-ingresos-entre-pobres-y-ricos/

4 http://www.diaadia.com.ar/?q=content/la-brecha-entre-ricos-y-pobres-se-estiro-en-lo-que-va-de-2009

5 http://www.derf.com.ar/despachos.asp?cod_des=369394&ID_Seccion=28

Del análisis de los indicadores de arriba se desprende que, hasta 2003 en Argentina el poder político sostenía a nivel económico y social, una política destinada a beneficiar la transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los sectores más concentrados de la economía, esto se puede apreciar claramente al ver los cuadros de arriba, el crecimiento de todos los indicadores (pobreza, desempleo, desigualdad, brecha entre ricos y pobres) indica claramente la existencia de un modelo cuyo eje pasa por favorecer a las clases dominantes en detrimento de los sectores populares, desde 2003 en adelante vemos una tendencia opuesta, en efecto vemos que la caída de las tasa de desempleo, de pobreza e indigencia, sumada a la tendencia a la disminución del coeficiente Gini, aunque aún sigue en niveles altos para la media histórica y la vuelta de la brecha entre los más ricos y los más pobres a valores de hace 30 años, indican una tendencia a construir una sociedad más justa.

Si tomamos en cuenta el Índice de Desarrollo Humano[3], podemos apreciar, también allí estas transformaciones, los datos han sido tomados de los Informes de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo:

Evolución del Índice de Desarrollo Humano para Argentina

Podemos apreciar aquí una tendencia general al mejoramiento del desarrollo humano para Argentina. Eso implica un mejoramiento general de las condiciones de vida de la población media.

El gobierno inaugurado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández, sin duda alguna, implicó un límite y la retracción del proceso de crisis identitaria descripto en la primera parte de este artículo.

El lento proceso de desmovilización popular que condujo, con avances y retrocesos a la crisis anómica de 2001 posiblemente haya tenido su origen el 20 de junio de 1973 en la Masacre de Ezeiza. En efecto, existe cierta coherencia y cierta continuidad en este proceso de desmovilización y despolitización de los sectores populares.

Como decíamos arriba, durante la dictadura militar se inició un proceso de destrucción de la homogeneidad existente entre las clases trabajadoras, mientras que paralelamente se producía la homogeneización de las clases dominantes alineadas tras la burguesía financiera y los grupos económicos concentrados (los cuales hoy enfrentan al gobierno: Macri, Herrera de Noble, etc.) mediante un proceso sin precedentes de concentración económica –ver al respecto las investigaciones sobre los grandes grupos económicos de Khavisse, Basualdo, Aspiazu, Acevedo, etc.-.

Este proceso de concentración económica sin precedentes en la historia se continuó por los gobiernos de Alfonsín y Menem; de igual modo las grandes traiciones a la voluntad popular: por ejemplo, el gobierno de aliancista de Fernando De La Rua, el cual llega al gobierno elegido como oposición al modelo neoliberal menemista pero que en los hechos se torna su continuador (llegando al punto de convocar al “cerebro” del saqueo neoliberal de Argentina el ex-Ministro de Economía del propio gobierno de Menem, Domingo Cavallo, y lo convocó nada menos que para asumir al frente del mismo ministerio, transformándose en los hechos en el continuador de lo que venían a confrontar).

Este proceso llevó, finalmente a producir una crisis de identidad, un estado de anomia, y un fortalecimiento del individualismo, una crisis de representación que se tradujo en el hartazgo generalizado expresado en la consigna “que se vayan todos”.

La llegada del matrimonio Kirchner al poder implicó la vuelta atrás de este proceso, y se inició un proceso, proceso que hoy continúa y se fortalece, de recuperación de los valores colectivos, la revalorización de una identidad colectiva y, fundamentalmente la repolitización de la política, esto se pudo apreciar cabalmente en las masas movilizadas durante el velorio del propio Kirchner. La oposición, entretanto, brilla por su ausencia, no sabe como plantarse en el terreno de la confrontación política pues aún no se han enterado que los tiempos están cambiando.

© Lic. Patricio A. Brodsky


[1] Villarreal, Juan: Los hilos sociales del poder. En: Crisis de la dictadura Argentina, Siglo XXI, Buenos Aires, 1985.

[2] El Coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). El índice de Gini es el coeficiente de Gini expresado en porcentaje, y es igual al coeficiente de Gini multiplicado por 100.

[3] El índice de desarrollo humano mide el logro medio en un país en tres dimensiones básicas de desarrollo humano: la longevidad, los conocimientos y un nivel decente de vida. El IDH es el índice compuesto que contiene tres variables: esperanza de vida, logro educacional (alfabetización de adultos y matriculación combinada primaria, secundaria y terciaria) e PIB real per cápita (PPA en dólares)

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