viernes, 17 de diciembre de 2010

MACRI, LA INMIGRACIÓN Y EL ENANO FASCISTA. LA CRIMINALIZACIÓN DE LA POBREZA Y SU USO POLÍTICO.

Un fascista es un pequeño burgués asustado

Berthold Brecht

En el capítulo XXI del libro 1 de El Capital de Karl Marx, el llamado “Acumulación Originaria” el autor relata el despojo al que los siervos de la gleba se vieron sometidos durante la transición al capitalismo y como fueron brutalmente reprimidos responsabilizándolos por su situación. Cuando veo las imágenes de las represiones hoy en día, particularmente las ocurridas con los corridos a los márgenes por el propio sistema (sin trabajo, sin tierra, etc.), me vienen a la mente las palabras de Marx.

Los episodios del “parque” Indoamericano, y fundamentalmente las atroces declaraciones de las máximas autoridades de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, han desatado una ola de opiniones en las cuales se aprecia una virtual “blumberguización” de las opiniones. El influjo de más de 20 años de propaganda de los medios acerca de un “indudable” crecimiento de la inseguridad, y la firmeza con que se afirma que la delincuencia se debe a la inmigración ilegal, finalmente han explotado en una multitud de discursos fascistoides, discursos que subyacían en el “inconciente colectivo” alimentado por el discurso político-hegemónico desplegado por los grandes medios de comunicación.

En primer lugar, tanto que se habla de la incomprobada relación entre inmigración – delincuencia – narcotráfico debería más bien investigarse la sospechada relación entre mafias barrabravas – delincuencia – narcotráfico y sus redes vinculares con la burocracia sindical y las mafias punteriles políticas; empezando por la fusión de todos estos sujetos sociales en las redes clientelares desarrolladas en el sistema político argentino y que se reproducen a izquierda y derecha del arco político.

El inmigrante es el otro, y el otro simboliza lo desconocido, y, generalmente se teme a lo desconocido, durante el auge del modelo neoliberal, durante los 80 y los 90 en el mundo se abogó por la libertad de circulación de capitales, tras los capitales hubo flujo de mano de obra (barata) que migró de zonas pobres a zonas mas ricas, esto trajo aparejado un incremento de la xenofobia de esas sociedades que necesitaban (aun necesitan) esa mano de obra pero temen y odian a esos trabajadores migrantes (esa es la base de la xenofobia actual en Argentina y del antiislamismo que vemos aflorar en Europa).

La base de ese odio suelen ser los prejuicios y el desconocimiento del otro. Podemos citar una serie de ejemplos concretos, en el diario página 12 del 13 de diciembre de 2010, Jose Natasnson, citando estadísticas de censos nacionales muestra que el proporción de inmigrantes se mantiene estable desde el primer censo nacional hasta ahora: “el porcentaje de extranjeros provenientes de naciones limítrofes sobre el total de la población fue de 2,4% en 1869; 2,6% en 1914; 2,0% en 1960; 2,7% en 1980 y 2,5% en 2001[1], la “invasión” denunciada en los ’90, durante el auge neoliberal no tiene respaldo material, sólo son prejuicios en movimiento.

Complementando los datos de Najenson podemos citar una serie de evolución histórica 1914-2001 construida por el INDEC[2]:

En 1914 el 70% de la población del país era nativa, sólo un 30% era inmigrantes (entre ellos un 2% provenía de países limítrofes); en 1947 las proporciones eran de 85% nativos y 15% inmigrantes (2% de ellos eran provenientes de países limítrofes); en 1960 la relación era 87% nativos y 13% inmigrantes (la proporción de países limítrofes se mantuvo en el 2%); para 1970 los nativos representaban el 91% mientras los migrantes eran el 9% (los provenientes de países limítrofes permanecen en el 2%); en 1980 los nativos ya son el 93% los inmigrantes el 7% (mientras los provenientes de países limítrofes continúan siendo el 2%); por último para 1991 los nativos suman el 95% y los inmigrantes representan el 5% de la población censada (los provenientes de países limítrofes aquí ya representan el 3% de la población total). Como puede verse en los datos comparados del INDEC, la proporción de migrantes provenientes de países limítrofes se ha mantenido constante en, aproximadamente un 2% de la población total de nuestro país.

Según las estadísticas del Servicio Penitenciario Nacional, la nacionalidad de los detenidos en cárceles nacionales no avala la idea del “delincuente extranjero”, al menos no en forma tan contundente como se intenta mostrar en los discursos de ciertos medios de comunicación o en los de cierto “sentido común”. Las estadísticas del Servicio Penitenciario Nacional acerca de delincuentes encarcelados para el año 2008 muestran que la abrumadora mayoría de quienes violan las leyes en nuestro país son compatriotas: el 79% de los encarcelados son argentinos; un 16% son ciudadanos de países limítrofes y de Perú; y un 5% de otras nacionalidades[3]. Esto da por tierra con los prejuicios de que los delincuentes son “inmigrantes ilegales”.

Y hablando de pequeña burguesía y de miedos, no hay nada que asuste más a los pequeño burgueses que la “inseguridad”, y desde hace años asistimos a un bombardeo mediático que magnifica los hechos de inseguridad multiplicándolos a la enésima potencia, creando la sensación de que estamos en medio de una guerra, mas cuando analizamos las estadísticas con frialdad vemos que la “inseguridad” es una construcción de los medios y que cobra entidad material cuando afecta la vida cotidiana de las personas, aunque esta “inseguridad” sea una construcción del inconciente colectivo.

En otro trabajo[4] mostrábamos cómo, estadísticamente, la inseguridad es una construcción político-ideológica de los medios de comunicación y de los “partidos del orden”, es retórica sin más apoyo material que el pequeño-burgués aterrorizado (lo cual no es nada más y nada menos que un fascista en términos de Brecht).:

Y si de inseguridad se trata basta ver sólo unas cifras relativas a estadísticas sobre delitos para darse cuenta de la campaña orquestada:

  • (Durante 2007)… La tasa de delitos contra la propiedad por cada 1.000 habitantes fue en Argentina de 17,8 y en Francia de 37,3; es decir, sufrimos menos de la mitad de robos y destrucciones que en Francia[1]
  • En cuanto a la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, de 7 a 9 puntos entre 1991 y 2002, con picos en 1997 y 2002. Después, desde 2003, la cifra de 9,20 cayó a 5,26 en 2007. Queda así demostrado que lejos de haber aumentado, la tasa de homicidios dolosos, en 2007 cayó casi a la mitad de las cifras de 1997 y 2002. [2]
  • Si se compara la situación de Argentina con otros países americanos, nuestra tasa es de 5,4 de homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es inferior al 5,8 de Estados Unidos, y mucho menor que el 53,3 de Colombia, el 28,5 de Brasil, el 11,1 de México; igual está Uruguay (5.4), y por debajo Chile (4,2) y Canadá (1,9). (Fuente: Naciones Unidas, Office on drugs and crime, International homicide statistics, www.unodc.org/documents/data-and-analysis/IHS-rates-05012009.pdf). Una observación: la tasa de homicidios en Estados Unidos es mucho más alta en los Estados de la Unión con pena de muerte que en los que no la tienen. [3]
  • Otro eslógan afirma que en la Argentina los delincuentes entran a la cárcel por una puerta y salen por la otra. Las estadísticas internacionales muestran que no es así, y que la tasa de encarcelamiento por cada 100.000 habitantes en la Argentina es de 148, cerca de la de España (145), Reino Unido (145), Brasil (191) y México (196). Estamos, pues, ubicados en el medio de la escala; las tasas no son muy bajas ni excesivas, y más bien están en relación con las tasas de delitos. (Los datos utilizados son del National Council on Crime and Delinquency, U.S. rates of incarcelations, a global perspective, Christopher Hartney, Washington, Noviembre de 2006.) [4]
  • En un párrafo brillante Calcagno describe el funcionamiento perverso de los medios de comunicación y como construyen un problema social (de hechos individuales aislados se pasa a contruir artificialmente un “problema público”. De este modo los medios producen y reproducen ideología, de este mismo modo se construyó el consenso para las privatizaciones neoliberales): La situación en cuanto a homicidios dolosos mejoró de modo sustancial desde 2003. En 2007, esa tasa era de 5,26 por cada 100.000 habitantes, mientras que fue de 8,0 por 100.000 entre 1991 y 2002. Claro está que esta cifra significa 2.071 homicidios durante 2007, o sea 5,67 por día. Si una cadena de medios de comunicación quisiera dar una sensación de inseguridad, le bastaría con exhibir cinco asesinatos por día en la primera página, y a la semana el país tendrá la sensación de que está en medio de una guerra abierta; algo de eso es lo que está ocurriendo. Si los diarios de Estados Unidos se propusieran hacer lo mismo, no les alcanzaría el lugar para cubrir los casi 50 homicidios que hay cada día, en promedio, en ese país. Aun si lográramos bajar la tasa de homicidios hasta un nivel similar al de Suiza o Suecia, los medios de comunicación podrían seguir dando la sensación de altísima inseguridad, con una amplia cobertura a los dos o tres homicidios por día que seguirían ocurriendo.[5]
  • A contramano de la impresión generalizada, las estadísticas internacionales en materia de índices de criminalidad y delito ubican a la Argentina y a Buenos Aires como lugares relativamente seguros, mucho más de lo que podría considerarse a la gran mayoría de los países y ciudades capitales latinoamericanas, así como también a muchas ciudades estadounidenses y europeas. En efecto, al cruzar los resultados del último informe de la ONU en materia de criminalidad (The Tenth United Nations Survey of Crime Trends and Operations of Criminal Justice Systems) con datos oficiales de las 141 naciones estudiadas, aquella que registró las mayores tasas de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes (hod) fue Honduras con 50 casos (2007), y la que menos, Andorra con ninguno (2007). La Argentina se ubica en la posición 53ª, con 5,26 hod en igual año, una cantidad muy inferior a los 39 de Colombia (2007); los 38,6 de Sudáfrica y próxima sede del Mundial de fútbol (2007); los 25,7 de Brasil y sede de los Juegos Olímpicos de 2016 (2006); los 17,9 de Rusia (2007), y los 10,97 de México (2006), para citar algunos ejemplos. Con valores cercanos a los de la Argentina se encuentran, entre otros, los EE.UU., con 5,62 (2006); Perú, con 5,54 (2004), y Turquía, con 4,05 (2005). Y por debajo de la Argentina, se hallan Bolivia, con 4,85 (2006); Escocia, con 2,17 (2007); Inglaterra y Gales, con 1,43 (2007); Portugal, con 1,47 (2007); Alemania, con 0,90 (2007), y España, con 1,12 (2007). [6]
  • Asimismo y sobre la base de datos de la CIA World Factbook, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la OCDE, la Argentina no formó parte del tradicional ranking de países con los mayores índices de crímenes, robos y otros desórdenes perpetrados a ejecutivos de empresas privadas, entre el 2003 y el 2006. Al analizar dicho período y sobre un listado de 93 naciones, se observa que Guatemala es el país más inseguro en este aspecto, con la 1ª posición y un 80,44% de los casos delictivos registrados totales vinculados con el sector empresarial (valores al 2003). Le siguen Kenia, Honduras, Jamaica y Brasil, este último con un 52,03% de casos sobre el total (2003). Siguen luego Sudáfrica en la 16ª posición, China en la 28ª, Portugal en la 37ª, Chile en la 39ª, Colombia en la 41ª, España en la 48ª, México en la 56ª, Perú en la 63ª, Paraguay en la 74ª, Alemania en la 81ª y la Argentina en la 86ª (con el 1,56% de casos vinculados con empresarios del total de hechos delictuosos registrados. Cifras del 2006). [7]

¿Qué ocurriría si se afirmara (y repitiera) que del total de los homicidios registrados en el 2007, 32% corresponden a homicidios dolosos y 58% a homicidios culposos ocurridos en accidentes de tránsito? ¿Qué ocurriría si algún medio de prensa afirmara (y repitiera) que la Argentina de los últimos años es la más segura de los últimos 16 años? ¿Qué pensaría la gente a la hora de volcarse por determinado modelo económico y social si se afirmara la existencia de una relación entre la criminalidad, el nivel de desempleo y el PBI? Según la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación (de aquí abreva la ONU para sus estadísticas oficiales), en el 2007 la Argentina registró 1.218.243 hechos delictuosos totales, la menor cifra desde 2005 (menor también que la del 2002, con 1.340.529 de casos). Al analizar la evolución de la tasa de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes, se observa un ascenso franco e ininterrumpido desde 1991 hasta el 2002, para a partir de allí caer de forma continua hasta el 2007. Los hechos delictuosos totales se dividen en ocho grupos, de los cuales los de mayor incidencia se clasifican como “delitos contra las personas” (22,5% de incidencia) y como “delitos contra la propiedad privada” (58,4 por ciento). Los primeros pasaron de una tasa de 255 (cada 100.000 habitantes) en 1991 a 697 en el 2007, ascendiendo casi ininterrumpidamente. Los segundos pasaron de 994 en 1991 a 2.497 en el 2002, para a partir de allí descender de manera continua hasta el 2007, situándose en 1.809 casos.

Tomando en consideración el período 1991-2007 y siempre sobre la base de las estadísticas del referido ministerio, a su vez trabajadas con datos suministrados por las provincias, surgen las siguientes apreciaciones:

1) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la década del ’90 (1991-2000), es decir durante los dos gobiernos de Carlos Menem, fue de 7,86.
2) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes durante el gobierno de Fernando De la Rúa (este autor no tiene en cuenta los asesinatos del 20 y 21 de diciembre de 2001) fue de 7,68.

3) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la época kirchnerista (2003-2007) fue de 5,9, un 25% menor que durante los gobiernos citados.
4) En materia de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes, el país registró en el 2007 la tasa más baja desde 1991: 5,26 (7,3 fue la de 1991).

5) Desde el 2002 que la tasa de homicidios dolosos viene cayendo considerable y sostenidamente: de 9,2 en el 2002 a 5,26 en el 2007.

6) Desde el 2005 que la tasa de homicidios dolosos se mantiene casi estable (aunque sensiblemente a la baja). Igual evolución siguió el grupo de hechos delictuosos contra la propiedad, no así el grupo de hechos delictuosos contra las personas.

7) El mayor aumento continuo registrado de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre 1991 y el 2002.

8) La más marcada y progresiva disminución de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre el 2002 y el 2007.

9) La tasa de hechos delictuosos del 2007 es apenas superior a la del 2000.
Ahora bien, cualquiera que haya estudiado, leído o escuchado de economía, no puede omitir vincular estas inferencias con, justamente, el derrotero socioeconómico nacional durante la última década y media. En 1991, la tasa de desempleo era de 6%, cifra que llegó al 17,3% en 1996, luego cayó al 12,4 en 1998 para volver a subir de manera abrupta hasta el 2001-2002. Dicha tasa declina de manera igualmente abrupta y continuada desde el 2002 hasta el 2008. Algo similar ocurrió con la tasa de crecimiento del PBI. En 1987, fue de 2,5%; entre 1988 y 1990 fue negativa; entre 1991 y el 2000 fue discontinua y por momentos negativa. El pico máximo alcanzado tanto en la tasa de hechos delictuosos totales como en la de homicidios dolosos se registró en el 2002, luego de cuatro años de PBI negativos (1999-2002) y estampida del desempleo, de 13,8 a 17,8 por ciento. La evolución más favorable registrada por las dos tasas antedichas y durante los últimos 16 años se produce entre el período 2003-2007. Por cierto, un período durante el cual se experimentó el mayor crecimiento continuo del PBI y a las mayores tasas de su historia, esto en un contexto de industrialización creciente, por demás redistributivo y con énfasis en el Estado como actor estratégico de la vida nacional. Finalmente, la profunda desaceleración en la disminución de los hechos delictuosos y homicidios dolosos registrados entre el 2005 y el 2007 –a pesar de la baja progresiva que en dichos años registró el desempleo como el aumento del PBI– denotan la presencia de fallas estructurales inherentes a la política criminal nacional que deberán ser abordados y corregidos de forma perentoria. Si bien ésta es una primera aproximación, salta a la vista la estrecha relación existente entre la evolución de los hechos delictuosos y los homicidios dolosos con la tasa de desempleo y la evolución del PBI nacional. ¿Y si los argentinos supieran de esta relación y comenzaran luego a relacionar estos parámetros con modelos económicos y sus respectivos representantes políticos? ¿Y si los argentinos supieran que su país es mucho más seguro que la próxima sede del Mundial de fútbol o que la sede de los Juegos Olímpicos del 2016? Al neoliberalismo criollo, aún amo y señor de los medios masivos de comunicación, poco le importa llevar al banquillo de los acusados a delincuentes, asesinos o mafiosos. Es el modelo vigente el gran enemigo. Es el Estado el verdadero flagelo, el gran bribón. La imagen de un país “inseguro” al extremo con un Estado ineficaz y corrupto, es una de las pocas herramientas (aunque en estos momentos la más certera y letal) con las que cuenta el modelo agroexportador para regresar a la Casa Rosada.[8]

La pequeña burguesía teme a los inmigrantes porque le recuerdan sus propios orígenes y miserias, les recuerdan que ellos (sus antepasados ya estuvieron alli). Y despliegan un arsenal de lugares comunes de la miseria moral: “Por que el estado no me da una casa también a mi en vez de a ellos”, “mis abuelos también fueron inmigrantes pero ellos eran trabajadores, no como ‘estos’ que vienen ilegales a delinquir”, etc.

Nadie en su sano juicio puede creer que alguien desea para sus hijos la marginalidad y la carencia, sin embargo, los pequeño-burgueses asustados estigmatizan a estos sectores sociales que no poseen nada de nada y salen a luchar por los derechos humanos básicos, “acusándolos” (como hacía la burguesía naciente) de ser responsables de la situación de marginación social que sufren.

Mientras estos sectores pequeño burgueses fascistoides se llenan la boca de discurso antipiquetero invocando el derecho constitucional a la libertad de circulación (derecho que no invocaban ante la flagrante violación del mismo que hacía, por mezquinos intereses sectoriales, la gran burguesía agraria) y se olvidan de otros derechos constitucionales como el derecho a una vivienda digna o el derecho de todos los hombres de buena voluntad del mundo de habitar el suelo de la Nación Argentina. Esa es la ceguera selectiva del fascista pequeño burgués, está cegado por sus prejuicios.

Ante circunstancias como la del “parque” Indoamericano, el fascismo pequebú aprovecha para arremeter con todo el arsenal de prejuicios xenófobos. No es de sorprender que ante tal grado de fascistización “invisible” de la “masa” pequeño-burguesa de la Ciudad de Buenos Aires, un noqui fascista haya sido electo Jefe de Gobierno.

La pequeña burguesía asustada tiene una increíble facilidad para elegir a sus verdugos como líderes; en Italia en la década de 1920 apoyó a Mussolini, en Alemania en la década de 1930, y en Argentina apoyó en 1976 el “orden” que proponía la Dictadura Genocida, en 1989 apoyó el modelo neoliberal de desguace del Estado, al cual volvió a dar su apoyo en 1995 y en primera vuelta en 2003 (es realmente increíble); no contentos con esto en 2007 llevan al gobierno de la Ciudad a Mauricio Macri, un “empresario” cuya fortuna familiar se amasó a expensas del Estado, y cuyo programa “político” es la destrucción del estado. Como dijeron Chomsky y Bonnefeld, el programa neoliberal no es la destrucción del estado intervencionista, sino su readecuación para intervenir en función de los intereses de las clases hegemónicas; el fallido de Ricardo Alfonsín que el Estado debe intervenir a favor de los que más tienen es toda una definición por si sólo.

En estos días asistimos también a un hecho inédito, el novelista Marcos Aguinis, crítico acérrimo de la banalización del Holocausto/Shoá en una inexplicable y oportunista cabriola se pasó al lado de los banalistas al comparar al Kirchnerismo con el nazismo. En efecto, la frase de Aguinis equiparando la imagen de niños que entregan flores a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner con las escenas documentales de niños entregando flores a Adolf Hitler habla de la catadura moral de Aguinis quien en su negación patológica de lo popular no duda en banalizar la Shoá con el mezquino objetivo de desacreditar al gobierno. Con esa frase Aguinis se coloca del lado de los negacionistas y banalistas a quienes tanto critica pero que él emula por mezquinos intereses políticos. En este mismo orden de uso ofensivo y banalista del Holocausto por motivos egoístas y odio de clase, podemos colocar la frase de Mariano Grondona llamando a los Jóvenes militantes de La Cámpora "Juventudes Hitlerianas". Estos hechos, a pesar de su gravedad, han pasado “desapercibidos” en comparación con las críticas que despertaron las poco felices palabras del ministro de Economía Amado Boudou quien comparó a dos periodistas con los Sonderkommando que limpiaban las cámaras de gas nazis.

Pero Aguinis estas declaraciones no sorprenden, ya había comparado a Kirchner con Hitler. Pero, sorprendentemente quien fue escriba de los “nazis argentinos” no fueron ni Néstor ni Cristina sino el propio Aguinis. En efecto, ya que en 1977 ha escrito por encargo de la DAIA ante una solicitud de la Armada (la misma que en esa época dirigía Massera y mantenía funcionando el campo de concetración en la ESMA) un libro sobre el Almirante Guillermo Brown, como el mismo confirmó al diario Perfil, además dijo que está feliz por haber escrito esa obra “de cuyo ritmo y calidad no me arrepiento”.

Estas declaraciones de Aguinis se inscriben en la misma línea ideológica que los dichos xenófobos que afloraron con motivo del episodio del Parque Indoamericano durante la semana anterior. Prejuicios y más prejuicios que afloran manchando todo, tiñendo todo.

Lo peor es que estos sujetos no dudan en banalizar el crimen más atroz con el único y mezquino fin de sacar rédito político o presentarse como “intelectual orgánico” de una oposición que es una comparsa de neoliberales “exitosos”; de “críticos” fracasados; desde cultores de la violencia y el golpismo hasta la gran burguesía agraria y la gran burguesía comunicacional. Esta oposición impresentable, una alianza de personajes como Carrió, Vázquez, Hotton, Bullrich, Bergman, Aguinis, Macri, Grondona, Morales Solá, y demas fauna y flora que pululan por las hojas y pantallas de los medios de los oligopolios de prensa.



[1] Natanson, José: Política, Inmigración y Prejuicios. Diario Página 12 del 13/12/2010, disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/158561-50851-2010-12-13.html

[2] INDEC: Origen de la población nativa y no nativa según censos nacionales. Años 1914 – 1991. Disponible en http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/2/a2001_020307.xls

[3] Fuente De Los Datos: Sistema Nacional De Estadísticas Sobre Ejecución De La Pena. Informe Anual Servicio Penitenciario Federal. SNEEP 2008. Dirección Nacional De Política Criminal. Subsecretaría De Política Criminal. Ministerio De Justicia, Seguridad Y Derechos Humanos http://www.jus.gov.ar/media/108982/Informe%20SNEEP%20SPF%202008.pdf

[4] Brodsky, Patricio: ¿OPOSICIÓN O DESPROPÓSITO?. Publicado en http://patobro.blogspot.com/

lunes, 22 de noviembre de 2010

LA “CONSTRUCCIÓN” DE LA “REALIDAD” DESDE LOS MEDIOS ENTRE “COIMAS” Y “CRISPASIONES”

Cuando era estudiante de sociología, allá por finales de la década de 1980 y principios de la década de 1990, elegí para cursar en la facultad una asignatura llamada: “La Construcción de la Realidad a través del discursos de los noticieros de TV”. En aquel momento, viendo los complejos y sutiles mecanismos de construcción de la realidad social no me imaginaba que 20 años después estos mecanismos aparecerían tan “transparentes” ante el público. No imaginaba que la “sutileza” de transmitir ideología dominante desde los Aparatos Ideológicos de Estado, haciendo pasar (como dijera Marx acerca de los intereses de las clases dominantes a nivel económico) sus intereses particulares como intereses generales de toda la sociedad, se convertiría en una maniobra burda y evidente. Han perdido el rumbo y por ello se han vuelto mas “explícitos”, perdiendo la astucia y la sagacidad.

Los grandes grupos de medios de comunicación hoy tornados gigantescos consorcios oligopólicos, virtuales grupos de poder real, a través de sus “bocas de expendio” de “La Verdad” han sufrido una metamorfosis en la cual han pasado de “informar” en forma de relato o descripción en forma neutra acontecimientos acaecidos, a “explicar” e “interpretar” esos hechos, objetivando las neófitas opiniones de los “presentadores” de noticias como si fuera la opinión de expertos columnistas para llegar, finalmente a “producir” las noticias (los hechos).

Hace días, meses, que asistimos a una intensa campaña de prensa, combinada con ciertos políticos opositores, los cuales nos intentan mostrar los acontecimientos en una mirada de prisma. Es decir, forzando e invirtiendo la realidad tal cual se presenta.

En primer lugar hace días que vienen en un proceso de construcción de una realidad alternativa a la que dictan los acontecimientos, en relación al lamentable episodio de la supuesta “coima del presupuesto”, primero en relación al “confuso” episodio de la supuesta “llamada intimidatoria”, que finalmente se supo que le hiciera la supuesta intimidada a la supuesta intimidadora, realmente patético, armaron (posiblemente en un acuerdo entre algunos opositores y el grupo oligopólico Clarín) un sainete tan berreta que rápidamente se desmoronó como castillo de naipes frente a una corriente de aire.

En segundo lugar vino el episodio de la “locomotora” Camaño, que con la metodología característica de su marido -el burócrata sindical quemador de urnas en Catamarca y ladrón confeso (recordemos sus famosas palabras acerca que “hay que dejar de robar por dos años”)- clausuró un debate como suelen hacer quienes tienen un grado nulo de cultura democrática, con un golpe a la boca de su rival, el Diputado Carlos Kunkel.

Lo curioso aquí fue la operatoria de los grandes oligopolios de prensa de nuestro país, los grandes constructores de la realidad. En efecto, las principales columnas políticas de los diarios Clarín y La Nación del día domingo 21 de noviembre de 2010, como afirma el Canciller Timerman, nos dan una clara idea de cómo es la operatoria de los medios de difusión en relación a la construcción de la realidad.

Lo que hacen en estos artículos, en lugar de repudiar la falta de vocación democrática de diálogo y debate de quien emprende con violencia física contra los rivales, sorprendentemente plantean una incondicional defensa de la violencia ejercida por Camaño contra Kunkel. Luego, durante la semana, apreciamos (en la adjetivación de los nombres propios) la forma de construir la descalificación de Kunkel, mientras que a Camaño la definen como la “Diputada Camaño”, Kunkel será el “Ultrakirchnerista Kunkel”.

En los editoriales nombrados buscan la demonización de Kunkel, y la obvia justificación de la violencia ejercida contra él a través de unos dichos de Van Der Koy, dijo el autor: "...tal vez , en una democracia menos contaminada, la lacra de Kunkel no circularía por los pasillos del Congreso". O sea, la culpa del lamentable episodio no es la violencia y la intolerancia de Camaño, sino la propia víctima a la cual, de paso la adjetiva como lacra… Kunkel fue agredido… “Por algo será”… El mismo razonamiento del “sentido común” procesista.

Este tipo de opiniones están en la misma lógica del discurso de la “crispación” social, como ellos están crispados, colocan el origen de su odio y de su violencia en el gobierno, es un mecanismo de proyección de características similares al que sufren los racistas, como sienten “malestar” ante su propio sentimiento de odio, en vez de asumirlo lo proyectan en su objeto de odio. Lo que sucede, en realidad, es lo que dijo Theodor Adorno en relación al antisemitismo, dijo Adorno: “El problema del antisemitismo no hay que buscarlo en el judío, sino en el antisemita”.

Los “instintos asesinos” de parte de la oposición los podemos decodificar en dichos de Carrió: “…la gente dice los quiero matar…”; Macri “…vamos a subirnos al tren aunque tengamos que tirarlo a Kirchner por la ventana…” (y de eso sabe Macri cuando, maniobra mediante, encabezó el “golpe institucional” contra Ibarra); o la bravuconada de Duhalde “…esta pelea la ganamos por Knock Out o por abandono… A mitad del año que viene van a estar para tirar la toalla…”; De Angeli diciendo que “le perdonaron la vida” al gobierno; Biolcati y Grondona hablando del “golpe” y la asunción del “traidor serial” Cobos; etc., los ejemplos son innumerables, están crispados y violentos y la culpa “es” del gobierno, ellos son los violentos, son los que están crispados porque el país ya no recorre el rumbo a la disolución nacional en el que lo colocaron ellos mismos, durante los gobiernos de Menem, De la Rua (curioso apellido signado por el destino, su traducción es “De la Calle” y dejó 30 muertos en la misma cuando huyó como rata por tirante al transformar su gobierno en una continuación del menemismo pero por la farsa), y el propio Duhalde con los asesinados Kosteki y Santillán en su haber.

Esta oposición cuya existencia está sostenida sólo por la inmensa campaña de prensa de los medios (los cuales fungen de “dirección técnica” de esa misma oposición) para intentar construir su consenso no tienen mejor idea que armar el sainete de la “corrupción del presupuesto” y los “aprietes del gobierno”, andamiaje que duró tanto como la moral de los autores de la mendaz maniobra. Si hasta la oposición leal como la UCR, tuvo que salir al cruce para desentenderse de esta opereta y no verse arrastrados al lodo del descrédito por Carrió, Bullrich, etc.

Indigna ver que esta dirigencia política desacreditada, los mismos que aplicaron las recetas neoliberales (el “menemista” peronismo federal y la “delarruista” Coalición Cívica), cuyos “dones y virtudes” para gobernar los vimos en práctica en la “segunda década infame” (1989-2001) colocaron al país al borde de la disolución nacional, ellos, los destinatarios de los cantos populares de “que se vayan todos, que no quede uno solo”, son los que hoy tienen una política claramente destituyente con el objetivo de llevar nuevamente al país al caos y la disolución nacional subordinándolo a los intereses de sus patrones: la Sociedad Rural Argentina, los Grupos Económicos Concentrados y la Banca Privada Internacional.

Indudablemente estamos viviendo épocas de cambio, cuando las clases dominantes ya no pueden controlar a las clases subalternas mediante la generación de consenso apelan a la violencia, en este sentido es que nos hallamos con sus discursos “crispados” y sus discursos “violentos”, lo que debemos hacer es construir mayor consenso, aislarlos más aún y evitar que puedan traducir esos discursos de violencia en prácticas violentas, en ese sentido lo de Camaño es inaceptable y lo de los medios y políticos opositores, realmente repudiable avalando cualquier estrategia, incluso la descalificación y la violencia con tal de desestabilizar al gobierno.

Cervantes, en boca del Quijote decía: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”; justamente eso es lo que los enferma de odio, que un gobierno popular como éste, en sólo siete años ha podido revertir décadas de políticas de destrucción de la soberanía política y económica de la nación, al tiempo que ha revalorizado (y repolitizado) la política, movilizando inmensas masas populares que estaban desmovilizadas por años de fracasos y políticas en contra de los intereses populares. Este gobierno entusiasmo, no porque sea revolucionario, sino porque defiende los intereses populares y eso, a los ojos de neoliberales y vendepatrias es inaceptable.

Prefieren el país en llamas como en 2001 antes de ver bonanza económica, desarrollo industrial, bajas tasas de desempleo por el odio de clase que tienen. Los políticos de la oposición, como dijo Marx sobre las capas medias, tienen los pies en la clase obrera y la cabeza en la burguesía.

lunes, 15 de noviembre de 2010

¿OPOSICIÓN O DESPROPÓSITO?

Lic. Patricio A. Brodsky

15/11/2010


Quien sigue con atención y espíritu crítico el desarrollo de los acontecimientos políticos en Argentina, sobre todo desde los medios de difusión argentinos, podrá ver, en tiempo real, los procesos de construcción de discurso político-hegemónico.

En efecto, se puede apreciar casi a ojo desnudo como son los procesos de producción y reproducción de ideología, y como se altera y se construye una realidad alterna a los acontecimientos, al movimiento de lo real.

Existe una “impunidad” para los discursos desestabilizadores y violentos (“La Gente en la calle dice que se vayan”), amenazas de muerte directas (“La gente en la calle dice los quiero matar”), y calumnias e injurias, falsas denuncias (“el gobierno está armando bandas” o “el gobierno está presionando jueces, diputados, etc.”), una inmensa campaña destituyente en marcha.

Una oposición que, como hemos visto en la votación de la ley de presupuestos, construye con denuncias falaces, rumores y supuestos, acompañada por una campaña mediática basada en “fuentes confiables” (anónimas e incomprobables por lo tanto de dudosa existencia) una supuesta maniobra del gobierno para “comprar” voluntades, aunque sin enunciar sobornos directos.

Cuando ocurrió el episodio de la “Banelco” para comprar diputados para aprobar la ley de flexibilización laboral que iba contra los intereses populares, durante el gobierno de De la Rua hubo denuncias concretas con nombre y apellido, no como ahora que son todas denuncias basadas en “fuentes confiables”, “alguien del gobierno” o “testigos creíbles”, etc.

Se ha formado una impresentable alianza entre los “opositores” que cuando fueron oficialismo llevaron al país al borde de la disolución nacional (Menemismo-Alianza) y los grandes oligopolios de medios de comunicación que les dan el escenario para la construcción ideológica de una realidad alterna a los hechos.

“Comunicadores sociales” que dan vergüenza ajena operando descaradamente como “agentes de prensa” de sus patrones, denunciando como veraz un episodio de supuesta corrupción y apriete que no es más que una evidente y falaz maniobra con el único fin de que esta inoperante oposición haga lo que mejor sabe hacer, desgobernar el país e intentar desestabilizar el proceso antineoliberal y antimonopólico abierto en el país hace 7 años.

Las técnicas que utilizan son las mismas que los pseudo historiadores revisionistas del holocausto, mienten, fraguan fuentes e ignoran por completo las fuentes que contradicen su discurso autoconvincente, recuerdo a Jorge Lanata dicendo que “en el exterior se nos cagan de risa” y viendo luego las opiniones de distintos líderes del mundo, y no me refiero a los de mala prensa como Hugo Chávez, sino Obama, Merkel, Hillary Clinton, el lugar de Argentina en el G20, el lugar de Argentina en el Unasur, etc., etc., no expresan una falta de respeto por el país sin todo lo contrario.

Pero Lanata no es el único que tiene esta mirada deformada, a el lo acompañan muchos otros prestigiosos colegas: Morales Solá, Blank, Ruiz Guiñazú, Tenenbaum, Leuco, Eliaschev, etc., todos ellos contribuyen a construir una mirada de los acontecimientos alejada de lo real.

Lo increíble del caso es la construcción de la “falta de libre expresión” que alegan algunos periodistas y medios cuando este es un gobierno que no ha querellado a ningún periodista, o comparan la situación existente en Venezuela, en donde se han cerrado medios opositores, con la situación en nuestro país en el cual la oposición puede plantear cualquier barbaridad impunemente.

En EE.UU., los medios de difusión han llegado a hacer caer un gobierno (el de Richard Nixon) cuando dieron a conocer que ese gobierno espiaba a sus adversarios (el Escándalo de Watergate). La actitud de los medios aquí es de complicidad cuando deliberadamente ocultan la sentencia en firme del procesamiento de Macri por el caso de las escuchas telefónicas, o se tornan en portavoz de pedófilos condenados como es el caso del Padre Grassi (le dan pantalla a un condenado en dos instancias por el delito de pedofilia mientras insisten con su campaña en contra de la “inseguridad”).

Y si de inseguridad se trata basta ver sólo unas cifras relativas a estadísticas sobre delitos para darse cuenta de la campaña orquestada:

  • (Durante 2007)… La tasa de delitos contra la propiedad por cada 1.000 habitantes fue en Argentina de 17,8 y en Francia de 37,3; es decir, sufrimos menos de la mitad de robos y destrucciones que en Francia[1]

  • En cuanto a la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, de 7 a 9 puntos entre 1991 y 2002, con picos en 1997 y 2002. Después, desde 2003, la cifra de 9,20 cayó a 5,26 en 2007. Queda así demostrado que lejos de haber aumentado, la tasa de homicidios dolosos, en 2007 cayó casi a la mitad de las cifras de 1997 y 2002. [2]

  • Si se compara la situación de Argentina con otros países americanos, nuestra tasa es de 5,4 de homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es inferior al 5,8 de Estados Unidos, y mucho menor que el 53,3 de Colombia, el 28,5 de Brasil, el 11,1 de México; igual está Uruguay (5.4), y por debajo Chile (4,2) y Canadá (1,9). (Fuente: Naciones Unidas, Office on drugs and crime, International homicide statistics, www.unodc.org/documents/data-and-analysis/IHS-rates-05012009.pdf). Una observación: la tasa de homicidios en Estados Unidos es mucho más alta en los Estados de la Unión con pena de muerte que en los que no la tienen. [3]

  • Otro eslógan afirma que en la Argentina los delincuentes entran a la cárcel por una puerta y salen por la otra. Las estadísticas internacionales muestran que no es así, y que la tasa de encarcelamiento por cada 100.000 habitantes en la Argentina es de 148, cerca de la de España (145), Reino Unido (145), Brasil (191) y México (196). Estamos, pues, ubicados en el medio de la escala; las tasas no son muy bajas ni excesivas, y más bien están en relación con las tasas de delitos. (Los datos utilizados son del National Council on Crime and Delinquency, U.S. rates of incarcelations, a global perspective, Christopher Hartney, Washington, Noviembre de 2006.) [4]

  • En un párrafo brillante Calcagno describe el funcionamiento perverso de los medios de comunicación y como construyen un problema social (de hechos individuales aislados se pasa a contruir artificialmente un “problema público”. De este modo los medios producen y reproducen ideología, de este mismo modo se construyó el consenso para las privatizaciones neoliberales): La situación en cuanto a homicidios dolosos mejoró de modo sustancial desde 2003. En 2007, esa tasa era de 5,26 por cada 100.000 habitantes, mientras que fue de 8,0 por 100.000 entre 1991 y 2002. Claro está que esta cifra significa 2.071 homicidios durante 2007, o sea 5,67 por día. Si una cadena de medios de comunicación quisiera dar una sensación de inseguridad, le bastaría con exhibir cinco asesinatos por día en la primera página, y a la semana el país tendrá la sensación de que está en medio de una guerra abierta; algo de eso es lo que está ocurriendo. Si los diarios de Estados Unidos se propusieran hacer lo mismo, no les alcanzaría el lugar para cubrir los casi 50 homicidios que hay cada día, en promedio, en ese país. Aun si lográramos bajar la tasa de homicidios hasta un nivel similar al de Suiza o Suecia, los medios de comunicación podrían seguir dando la sensación de altísima inseguridad, con una amplia cobertura a los dos o tres homicidios por día que seguirían ocurriendo.[5]

  • A contramano de la impresión generalizada, las estadísticas internacionales en materia de índices de criminalidad y delito ubican a la Argentina y a Buenos Aires como lugares relativamente seguros, mucho más de lo que podría considerarse a la gran mayoría de los países y ciudades capitales latinoamericanas, así como también a muchas ciudades estadounidenses y europeas. En efecto, al cruzar los resultados del último informe de la ONU en materia de criminalidad (The Tenth United Nations Survey of Crime Trends and Operations of Criminal Justice Systems) con datos oficiales de las 141 naciones estudiadas, aquella que registró las mayores tasas de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes (hod) fue Honduras con 50 casos (2007), y la que menos, Andorra con ninguno (2007). La Argentina se ubica en la posición 53ª, con 5,26 hod en igual año, una cantidad muy inferior a los 39 de Colombia (2007); los 38,6 de Sudáfrica y próxima sede del Mundial de fútbol (2007); los 25,7 de Brasil y sede de los Juegos Olímpicos de 2016 (2006); los 17,9 de Rusia (2007), y los 10,97 de México (2006), para citar algunos ejemplos. Con valores cercanos a los de la Argentina se encuentran, entre otros, los EE.UU., con 5,62 (2006); Perú, con 5,54 (2004), y Turquía, con 4,05 (2005). Y por debajo de la Argentina, se hallan Bolivia, con 4,85 (2006); Escocia, con 2,17 (2007); Inglaterra y Gales, con 1,43 (2007); Portugal, con 1,47 (2007); Alemania, con 0,90 (2007), y España, con 1,12 (2007). [6]

  • Asimismo y sobre la base de datos de la CIA World Factbook, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la OCDE, la Argentina no formó parte del tradicional ranking de países con los mayores índices de crímenes, robos y otros desórdenes perpetrados a ejecutivos de empresas privadas, entre el 2003 y el 2006. Al analizar dicho período y sobre un listado de 93 naciones, se observa que Guatemala es el país más inseguro en este aspecto, con la 1ª posición y un 80,44% de los casos delictivos registrados totales vinculados con el sector empresarial (valores al 2003). Le siguen Kenia, Honduras, Jamaica y Brasil, este último con un 52,03% de casos sobre el total (2003). Siguen luego Sudáfrica en la 16ª posición, China en la 28ª, Portugal en la 37ª, Chile en la 39ª, Colombia en la 41ª, España en la 48ª, México en la 56ª, Perú en la 63ª, Paraguay en la 74ª, Alemania en la 81ª y la Argentina en la 86ª (con el 1,56% de casos vinculados con empresarios del total de hechos delictuosos registrados. Cifras del 2006). [7]

¿Qué ocurriría si se afirmara (y repitiera) que del total de los homicidios registrados en el 2007, 32% corresponden a homicidios dolosos y 58% a homicidios culposos ocurridos en accidentes de tránsito? ¿Qué ocurriría si algún medio de prensa afirmara (y repitiera) que la Argentina de los últimos años es la más segura de los últimos 16 años? ¿Qué pensaría la gente a la hora de volcarse por determinado modelo económico y social si se afirmara la existencia de una relación entre la criminalidad, el nivel de desempleo y el PBI? Según la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación (de aquí abreva la ONU para sus estadísticas oficiales), en el 2007 la Argentina registró 1.218.243 hechos delictuosos totales, la menor cifra desde 2005 (menor también que la del 2002, con 1.340.529 de casos). Al analizar la evolución de la tasa de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes, se observa un ascenso franco e ininterrumpido desde 1991 hasta el 2002, para a partir de allí caer de forma continua hasta el 2007. Los hechos delictuosos totales se dividen en ocho grupos, de los cuales los de mayor incidencia se clasifican como “delitos contra las personas” (22,5% de incidencia) y como “delitos contra la propiedad privada” (58,4 por ciento). Los primeros pasaron de una tasa de 255 (cada 100.000 habitantes) en 1991 a 697 en el 2007, ascendiendo casi ininterrumpidamente. Los segundos pasaron de 994 en 1991 a 2.497 en el 2002, para a partir de allí descender de manera continua hasta el 2007, situándose en 1.809 casos.

Tomando en consideración el período 1991-2007 y siempre sobre la base de las estadísticas del referido ministerio, a su vez trabajadas con datos suministrados por las provincias, surgen las siguientes apreciaciones:

1) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la década del ’90 (1991-2000), es decir durante los dos gobiernos de Carlos Menem, fue de 7,86.
2) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes durante el gobierno de Fernando De la Rúa (este autor no tiene en cuenta los asesinatos del 20 y 21 de diciembre de 2001) fue de 7,68.

3) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la época kirchnerista (2003-2007) fue de 5,9, un 25% menor que durante los gobiernos citados.
4) En materia de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes, el país registró en el 2007 la tasa más baja desde 1991: 5,26 (7,3 fue la de 1991).

5) Desde el 2002 que la tasa de homicidios dolosos viene cayendo considerable y sostenidamente: de 9,2 en el 2002 a 5,26 en el 2007.

6) Desde el 2005 que la tasa de homicidios dolosos se mantiene casi estable (aunque sensiblemente a la baja). Igual evolución siguió el grupo de hechos delictuosos contra la propiedad, no así el grupo de hechos delictuosos contra las personas.

7) El mayor aumento continuo registrado de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre 1991 y el 2002.

8) La más marcada y progresiva disminución de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre el 2002 y el 2007.

9) La tasa de hechos delictuosos del 2007 es apenas superior a la del 2000.
Ahora bien, cualquiera que haya estudiado, leído o escuchado de economía, no puede omitir vincular estas inferencias con, justamente, el derrotero socioeconómico nacional durante la última década y media. En 1991, la tasa de desempleo era de 6%, cifra que llegó al 17,3% en 1996, luego cayó al 12,4 en 1998 para volver a subir de manera abrupta hasta el 2001-2002. Dicha tasa declina de manera igualmente abrupta y continuada desde el 2002 hasta el 2008. Algo similar ocurrió con la tasa de crecimiento del PBI. En 1987, fue de 2,5%; entre 1988 y 1990 fue negativa; entre 1991 y el 2000 fue discontinua y por momentos negativa. El pico máximo alcanzado tanto en la tasa de hechos delictuosos totales como en la de homicidios dolosos se registró en el 2002, luego de cuatro años de PBI negativos (1999-2002) y estampida del desempleo, de 13,8 a 17,8 por ciento. La evolución más favorable registrada por las dos tasas antedichas y durante los últimos 16 años se produce entre el período 2003-2007. Por cierto, un período durante el cual se experimentó el mayor crecimiento continuo del PBI y a las mayores tasas de su historia, esto en un contexto de industrialización creciente, por demás redistributivo y con énfasis en el Estado como actor estratégico de la vida nacional. Finalmente, la profunda desaceleración en la disminución de los hechos delictuosos y homicidios dolosos registrados entre el 2005 y el 2007 –a pesar de la baja progresiva que en dichos años registró el desempleo como el aumento del PBI– denotan la presencia de fallas estructurales inherentes a la política criminal nacional que deberán ser abordados y corregidos de forma perentoria. Si bien ésta es una primera aproximación, salta a la vista la estrecha relación existente entre la evolución de los hechos delictuosos y los homicidios dolosos con la tasa de desempleo y la evolución del PBI nacional. ¿Y si los argentinos supieran de esta relación y comenzaran luego a relacionar estos parámetros con modelos económicos y sus respectivos representantes políticos? ¿Y si los argentinos supieran que su país es mucho más seguro que la próxima sede del Mundial de fútbol o que la sede de los Juegos Olímpicos del 2016? Al neoliberalismo criollo, aún amo y señor de los medios masivos de comunicación, poco le importa llevar al banquillo de los acusados a delincuentes, asesinos o mafiosos. Es el modelo vigente el gran enemigo. Es el Estado el verdadero flagelo, el gran bribón. La imagen de un país “inseguro” al extremo con un Estado ineficaz y corrupto, es una de las pocas herramientas (aunque en estos momentos la más certera y letal) con las que cuenta el modelo agroexportador para regresar a la Casa Rosada.[8]

Como se puede apreciar en el largo fragmento del artículo de Bernal que incluí más arriba, al igual que las citas de Calcagno, en relación a la inseguridad el discurso de los medios va hacia un lado y los hechos (y las estadísticas así lo indican) va hacia otro lado. El objeto de esto es construir discursivamente una sensación que termina (a fuerza de repetición goebelsiana) por reemplazar a los hechos objetivos.

Otra de las técnicas de propaganda que se utilizan es tomar verdades parciales para construir una mentira, aquí nuevamente tomamos el ejemplo de Lanata, quien cita a María Julia Oliván que “678 es repetitivo a propósito, está basado en la repetición” utilizan técnicas de repetición con los informes, Lanata dijo “…y entonces pensé, repetir, repetir, es Goebbels puro… Repetir una mentira hasta que se torna verdad… Es el manual 1 de Goebbels 1.” Aquí vemos como funciona la construcción de la realidad en el Discurso Político Hegemónico, Oliván dice que 678 se basa en la repetición, Lanata agrega de una mentira, la tergiversación ya está hecha, entonces lo que hace Lanata es tomar una verdad parcial 678 se basa en la repetición, para construir una falacia, repite mentiras. Repetir no necesariamente implica mentir, uno puede repetir una verdad, de hecho, hay muchos ejemplos de “campañas de prensa” mendaces, basadas en fuentes anónimas que los grandes medios oligopólicos toman y repiten, allí sí mintiendo, desde sus voces múltiples (que en realidad son una sola), el oligopolio maneja 264 licencias de medios[9], lo cual lo torna dominante en el mercado, basta que vociferen una mentira y esta tendrá 264 bocas de “expendio” instantáneamente, lo cual tornará esa mentira en una verdad a fuerza de iteración.

La evidente falta de rumbo de la oposición la torna peligrosa pues, como se ha visto en este episodio de las supuestos “aprietes”, asume una postura destituyente, mientras algunos medios, como TN son los que verdaderamente asumen un rol deleznable “apretando” diputados exigiéndoles rendición de cuentas sin la mínima catadura moral, sin el mínimo plafond requerido para hacerlo, asumiendo que la función de un medio sea la de “vigilantear” a diputados.

Hay que estar alertas porque algunos medios de difusión intentan hacer pasar sus intereses particulares como intereses generales de toda la sociedad, y en esa embestida, se llevan puesta a la verdad histórica, y, con el aval de esta impresentable camándula política que constituyó el menemismo y el aliancismo pretenden llevarse puesta la institucionalidad democrática y la gobernabilidad al grito de “abajo la autocracia kirchnerista” olvidando que fueron ellos los responsables del 19 y 20 de diciembre de 2001, que su desprecio a la política expresado en el vaciamiento político y la desmovilización de los 90, reino de la frivolidad si los hubo, lo que los aterroriza es la repolitización de la política y la movilización popular crecientes que son la obra, tal vez el principal legado, de Néstor y Creisitna Kirchner.


© Lic. Patricio A. Brodsky

15/11/2010


[1] Calcagno, Alfredo Eric: ¿De Qué Inseguridad Se Habla? Publicado el 12/4/2009 en http://www.elargentino.com/nota-36334-De-que-inseguridad-se-habla.html

[2] Calcagno, Alfredo Eric: ¿De Qué Inseguridad Se Habla? Publicado el 12/4/2009 en http://www.elargentino.com/nota-36334-De-que-inseguridad-se-habla.html

[3] Calcagno, Alfredo Eric: ¿De Qué Inseguridad Se Habla? Publicado el 12/4/2009 en http://www.elargentino.com/nota-36334-De-que-inseguridad-se-habla.html

[4] Calcagno, Alfredo Eric: ¿De Qué Inseguridad Se Habla? Publicado el 12/4/2009 en http://www.elargentino.com/nota-36334-De-que-inseguridad-se-habla.html

[5] Calcagno, Alfredo Eric: ¿De Qué Inseguridad Se Habla? Publicado el 12/4/2009 en http://www.elargentino.com/nota-36334-De-que-inseguridad-se-habla.html

[6] Bernal, Federico: La politización de la “inseguridad” publicado el 8/1/2010 en http://www.elargentino.com/nota-73080-La-politizacion-de-la-inseguridad.html

[7] Bernal, Federico: La politización de la “inseguridad” publicado el 8/1/2010 en http://www.elargentino.com/nota-73080-La-politizacion-de-la-inseguridad.html

[8] Bernal, Federico: La politización de la “inseguridad” publicado el 8/1/2010 en http://www.elargentino.com/nota-73080-La-politizacion-de-la-inseguridad.html

[9] Ver al respecto los dichos del sociólogo Walter Formento, Presidente del CIEPE, (Centro de Investigaciones en Política y Economía), en una carta a la Honorable Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe http://www.senadosantafe.gov.ar/galery/po004-CIEPE.pdf

miércoles, 10 de noviembre de 2010

KIRCHNERISMO Y NEOLIBERALISMO: UN PROBLEMA DE IDENTIDADES.

KIRCHNERISMO Y NEOLIBERALISMO: UN PROBLEMA DE IDENTIDADES.

Lic. Patricio A. Brodsky

10/11/2010

Hasta hace poco en nuestro país estábamos viviendo una época de crisis de las identidades colectivas de la modernidad y de los valores que ellas encarnaban. Cuando miramos retrospectivamente y vemos algunos momentos de la historia nacional nos encontramos con un panorama sobrecogedor. Estábamos transitando un camino hacia la disolución de la identidad nacional cuyo pico más evidente fue la crisis del “que se vayan todos” de finales de 2001.

En realidad estábamos viviendo un proceso en el cual se produjo un fuerte hiato entre el pueblo y sus representantes, se vivía un proceso de ruptura de las identidades colectivas debido al atravesamiento de procesos de transformación identitaria, básicamente una escisión entre los representantes y sus representados, un proceso de despolitización y de desaceleración y desarticulación de las identidades colectivas setentistas cuyo clímax se vivió durante la década del 90 y su continuación Delarruista.

El surgimiento de este proceso está dado por la banalización postmoderna de cierto estrato de la dirigencia política, hecho evidenciado en la mercantilización de la política (el tratamiento de las campañas electorales como “campañas publicitarias” y no como hechos políticos.

El trasfondo de esto es que mientras el sujeto histórico de la modernidad fue el ciudadano, el sujeto histórico de la postmodernidad es el consumidor. Así es como en nuestro país se produce la transmutación de la conmemoración de las fiestas patrias; ritos identitarios que forman parte de lo que Pierre Nora llama "Lieux de la Memoire" los cuales que implicarían lugares de producción y reproducción de la memoria (y por ende de la identidad) colectiva, cambian y se vuelven parte del mercado de consumo del tiempo libre (el corrimiento de los feriados a los lunes para "fomentar el miniturismo", tal como alegan los responsables de este proceso de crisis identitaria).

De este proceso de crisis de las identidades se derivan otros problemas que aquejan a nuestra sociedad; por ejemplo la tan mentada "crisis de representación", ya que es perfectamente coherente que si los ciudadanos ya no se sienten tales, sino que se sienten consumidores, ya no se sientan representados por el sistema de representación política. De igual manera este cambio identitario fortalece la ruptura de las grandes utopías colectivas a través del fortalecimiento del individualismo; esto es que mientras el proceso de "ciudadanización" es necesariamente colectivo, el proceso de "mercantilización" es escencialmente de carácter individual (y ahora, a partir d los cambios introducidos por el "toyotismo", habría que agregar atomizado y estratificado según el poder adquisitivo). Esto último, adicionalmente, evidencia y fortalece las desigualdades de clase.

La esencia de estos procesos de “balcanización" identitaria será quiebre de una identidad colectiva y su reemplazo por una cantidad de identidades "microfísicas" y confrontadas, un proceso de inviduación de lo colectivo, es lo homogéneo que estalla en una fragmentación heterogénea, proceso como el descripto por Juan Villarreal en Los Hilos Sociales del Poder.

Soy uno de los miles, tal vez millones de argentinos, que en el 2003 no comprendíamos lo que estaba ocurriendo, con una mirada superficial protestábamos porque decíamos “no es posible que los peronistas diriman sus internas en las elecciones nacionales”, lo que no podíamos entender en ese momento era que se estaba produciendo la confrontación de dos modelos diferentes, opuestos polarmente.

Los gobiernos anteriores al 2003 apostaban y fomentaban este proceso de fragmentación, la neoliberalización de la sociedad.

El gobierno inaugurado por Nestor Kirchner implica lo opuesto, la recuperación de los proyectos colectivos, la repolitización de lo político (su desmercantilización), el fortalecimiento de las utopías colectivas, y esto no desde lo reclamativo sino desde políticas concretas. Basta ver la evolución de algunos indicadores económicos y sociales para ver a simple vista el mejoramiento de las condiciones de vida de la población.

El sociólogo argentino Juan Villarreal en su obra “Los Hilos Sociales del Poder”[1], describe las transformaciones sociales producidas en la estructura social argentina, él habla de un proceso de “homogeneización por arriba” (entre las clases dominantes) y un proceso de “heterogeneización por abajo” (entre las clases trabajadoras); este proceso de heterogeneización consistió en un proceso de segmentación y estratificación de la clase obrera argentina. Este proceso, desde mi punto de vista, continuó a tal punto que llegó a colocar al país al borde de la disolución nacional hacia finales de 2001.

Tabla 1 - Evolución de la Tasa de Desempleo Argentina 1963-2010 (Fuente: INDEC)

Como podemos observar en la tabla de evolución del desempleo en Argentina, claramente desde el ascenso de Menem al gobierno (1989-1999), un crecimiento exponencial de la tasa de desocupación, llegando al máximo durante el descalabro económico y social del gobierno de De La Rúa (1999-2001).

Tabla 2 - Evolución de la Tasa de Indigencia y de Pobreza en el GBA (en Porcentajes)

Tasa de Indigencia y de Pobreza para el conglomerado GBA 1988-2010. Fuente: INDEC

Con respecto a la evolución de la desigualdad en Argentina vemos que, siguiendo el coeficiente de Gini[2], en los conglomerados urbanos ha variado de la siguiente manera:

Tabla 3 - Distribución de los ingresos (para áreas urbanas) 1990-1998 (en porcentajes)

Año

Coeficiente Gini

1974

0,35

1981

0,39

1985

0,42

19901

0,46

19911

0,46

19921

0,45

19931

0,46

19941

0,46

19951

0,47

19961

0,48

19971

0,48

19981

0,49

19992

0,50

20002

0,51

20012

0,52

20022

0,58

20032

0,53

20043

0,50

20054

0,50

2006

0,48

2007

0,46

2008

0,47

2009

0,46

2010


1Fuente: “Un pueblo pobre en un país rico”. Informe de la pobreza en Argentina, Banco Mundial.

2 Fuente: Gary S. Fields and Maria Laura Sanchez Puerta. "How Is Convergent Mobility Consistent with Rising Inequality? A Reconciliation in the Case of Argentina" 2005. Available at: http://works.bepress.com/gary_fields/30

3 http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1132980

4 Fuente INDEC, citado en http://rolandoastarita.wordpress.com/2010/08/18/distribucion-del-ingreso-en-tiempos-k/

Aquí vemos uno de las grandes tareas que le quedan por delante al gobierno, la redistribución de los ingresos para hacer un país menos desigual, aunque actitudes como la de Julio Cobos, operando para la oposición desde el cargo de vicepresidente en el asunto de la 125, las retenciones a las agro-exportaciones, no es responsabilidad exclusiva del gobierno la perduración de la desigualdad.

En relación a la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre según el ingreso de cada uno vemos que la misma tiene forma de una curva ascendente:

Año

Relación de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la sociedad (en veces)

19741

5

19802

21

19902

27,1

19941

18

20012

33,9

20022

46,6

20051

31

20073

28,3

20084

24,5

20095

22,6

20105

22

1 http://puppo2009.blogspot.com/2009/08/brecha-entre-ricos-y-pobres.html

2 http://argentina.indymedia.org/news/2002/08/43612.php

3 http://fortunaweb.com.ar/despues-de-cuatro-anos-el-indec-revelara-la-diferencia-de-ingresos-entre-pobres-y-ricos/

4 http://www.diaadia.com.ar/?q=content/la-brecha-entre-ricos-y-pobres-se-estiro-en-lo-que-va-de-2009

5 http://www.derf.com.ar/despachos.asp?cod_des=369394&ID_Seccion=28

Del análisis de los indicadores de arriba se desprende que, hasta 2003 en Argentina el poder político sostenía a nivel económico y social, una política destinada a beneficiar la transferencia de ingresos desde los sectores populares hacia los sectores más concentrados de la economía, esto se puede apreciar claramente al ver los cuadros de arriba, el crecimiento de todos los indicadores (pobreza, desempleo, desigualdad, brecha entre ricos y pobres) indica claramente la existencia de un modelo cuyo eje pasa por favorecer a las clases dominantes en detrimento de los sectores populares, desde 2003 en adelante vemos una tendencia opuesta, en efecto vemos que la caída de las tasa de desempleo, de pobreza e indigencia, sumada a la tendencia a la disminución del coeficiente Gini, aunque aún sigue en niveles altos para la media histórica y la vuelta de la brecha entre los más ricos y los más pobres a valores de hace 30 años, indican una tendencia a construir una sociedad más justa.

Si tomamos en cuenta el Índice de Desarrollo Humano[3], podemos apreciar, también allí estas transformaciones, los datos han sido tomados de los Informes de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo:

Evolución del Índice de Desarrollo Humano para Argentina

Podemos apreciar aquí una tendencia general al mejoramiento del desarrollo humano para Argentina. Eso implica un mejoramiento general de las condiciones de vida de la población media.

El gobierno inaugurado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández, sin duda alguna, implicó un límite y la retracción del proceso de crisis identitaria descripto en la primera parte de este artículo.

El lento proceso de desmovilización popular que condujo, con avances y retrocesos a la crisis anómica de 2001 posiblemente haya tenido su origen el 20 de junio de 1973 en la Masacre de Ezeiza. En efecto, existe cierta coherencia y cierta continuidad en este proceso de desmovilización y despolitización de los sectores populares.

Como decíamos arriba, durante la dictadura militar se inició un proceso de destrucción de la homogeneidad existente entre las clases trabajadoras, mientras que paralelamente se producía la homogeneización de las clases dominantes alineadas tras la burguesía financiera y los grupos económicos concentrados (los cuales hoy enfrentan al gobierno: Macri, Herrera de Noble, etc.) mediante un proceso sin precedentes de concentración económica –ver al respecto las investigaciones sobre los grandes grupos económicos de Khavisse, Basualdo, Aspiazu, Acevedo, etc.-.

Este proceso de concentración económica sin precedentes en la historia se continuó por los gobiernos de Alfonsín y Menem; de igual modo las grandes traiciones a la voluntad popular: por ejemplo, el gobierno de aliancista de Fernando De La Rua, el cual llega al gobierno elegido como oposición al modelo neoliberal menemista pero que en los hechos se torna su continuador (llegando al punto de convocar al “cerebro” del saqueo neoliberal de Argentina el ex-Ministro de Economía del propio gobierno de Menem, Domingo Cavallo, y lo convocó nada menos que para asumir al frente del mismo ministerio, transformándose en los hechos en el continuador de lo que venían a confrontar).

Este proceso llevó, finalmente a producir una crisis de identidad, un estado de anomia, y un fortalecimiento del individualismo, una crisis de representación que se tradujo en el hartazgo generalizado expresado en la consigna “que se vayan todos”.

La llegada del matrimonio Kirchner al poder implicó la vuelta atrás de este proceso, y se inició un proceso, proceso que hoy continúa y se fortalece, de recuperación de los valores colectivos, la revalorización de una identidad colectiva y, fundamentalmente la repolitización de la política, esto se pudo apreciar cabalmente en las masas movilizadas durante el velorio del propio Kirchner. La oposición, entretanto, brilla por su ausencia, no sabe como plantarse en el terreno de la confrontación política pues aún no se han enterado que los tiempos están cambiando.

© Lic. Patricio A. Brodsky


[1] Villarreal, Juan: Los hilos sociales del poder. En: Crisis de la dictadura Argentina, Siglo XXI, Buenos Aires, 1985.

[2] El Coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). El índice de Gini es el coeficiente de Gini expresado en porcentaje, y es igual al coeficiente de Gini multiplicado por 100.

[3] El índice de desarrollo humano mide el logro medio en un país en tres dimensiones básicas de desarrollo humano: la longevidad, los conocimientos y un nivel decente de vida. El IDH es el índice compuesto que contiene tres variables: esperanza de vida, logro educacional (alfabetización de adultos y matriculación combinada primaria, secundaria y terciaria) e PIB real per cápita (PPA en dólares)