Un fascista es un pequeño burgués asustado
Berthold Brecht
En el capítulo XXI del libro 1 de El Capital de Karl Marx, el llamado “Acumulación Originaria” el autor relata el despojo al que los siervos de la gleba se vieron sometidos durante la transición al capitalismo y como fueron brutalmente reprimidos responsabilizándolos por su situación. Cuando veo las imágenes de las represiones hoy en día, particularmente las ocurridas con los corridos a los márgenes por el propio sistema (sin trabajo, sin tierra, etc.), me vienen a la mente las palabras de Marx.
Los episodios del “parque” Indoamericano, y fundamentalmente las atroces declaraciones de las máximas autoridades de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, han desatado una ola de opiniones en las cuales se aprecia una virtual “blumberguización” de las opiniones. El influjo de más de 20 años de propaganda de los medios acerca de un “indudable” crecimiento de la inseguridad, y la firmeza con que se afirma que la delincuencia se debe a la inmigración ilegal, finalmente han explotado en una multitud de discursos fascistoides, discursos que subyacían en el “inconciente colectivo” alimentado por el discurso político-hegemónico desplegado por los grandes medios de comunicación.
En primer lugar, tanto que se habla de la incomprobada relación entre inmigración – delincuencia – narcotráfico debería más bien investigarse la sospechada relación entre mafias barrabravas – delincuencia – narcotráfico y sus redes vinculares con la burocracia sindical y las mafias punteriles políticas; empezando por la fusión de todos estos sujetos sociales en las redes clientelares desarrolladas en el sistema político argentino y que se reproducen a izquierda y derecha del arco político.
El inmigrante es el otro, y el otro simboliza lo desconocido, y, generalmente se teme a lo desconocido, durante el auge del modelo neoliberal, durante los 80 y los 90 en el mundo se abogó por la libertad de circulación de capitales, tras los capitales hubo flujo de mano de obra (barata) que migró de zonas pobres a zonas mas ricas, esto trajo aparejado un incremento de la xenofobia de esas sociedades que necesitaban (aun necesitan) esa mano de obra pero temen y odian a esos trabajadores migrantes (esa es la base de la xenofobia actual en Argentina y del antiislamismo que vemos aflorar en Europa).
La base de ese odio suelen ser los prejuicios y el desconocimiento del otro. Podemos citar una serie de ejemplos concretos, en el diario página 12 del 13 de diciembre de 2010, Jose Natasnson, citando estadísticas de censos nacionales muestra que el proporción de inmigrantes se mantiene estable desde el primer censo nacional hasta ahora: “el porcentaje de extranjeros provenientes de naciones limítrofes sobre el total de la población fue de 2,4% en 1869; 2,6% en 1914; 2,0% en 1960; 2,7% en 1980 y 2,5% en 2001”[1], la “invasión” denunciada en los ’90, durante el auge neoliberal no tiene respaldo material, sólo son prejuicios en movimiento.
Complementando los datos de Najenson podemos citar una serie de evolución histórica 1914-2001 construida por el INDEC[2]:
En 1914 el 70% de la población del país era nativa, sólo un 30% era inmigrantes (entre ellos un 2% provenía de países limítrofes); en 1947 las proporciones eran de 85% nativos y 15% inmigrantes (2% de ellos eran provenientes de países limítrofes); en 1960 la relación era 87% nativos y 13% inmigrantes (la proporción de países limítrofes se mantuvo en el 2%); para 1970 los nativos representaban el 91% mientras los migrantes eran el 9% (los provenientes de países limítrofes permanecen en el 2%); en 1980 los nativos ya son el 93% los inmigrantes el 7% (mientras los provenientes de países limítrofes continúan siendo el 2%); por último para 1991 los nativos suman el 95% y los inmigrantes representan el 5% de la población censada (los provenientes de países limítrofes aquí ya representan el 3% de la población total). Como puede verse en los datos comparados del INDEC, la proporción de migrantes provenientes de países limítrofes se ha mantenido constante en, aproximadamente un 2% de la población total de nuestro país.
Según las estadísticas del Servicio Penitenciario Nacional, la nacionalidad de los detenidos en cárceles nacionales no avala la idea del “delincuente extranjero”, al menos no en forma tan contundente como se intenta mostrar en los discursos de ciertos medios de comunicación o en los de cierto “sentido común”. Las estadísticas del Servicio Penitenciario Nacional acerca de delincuentes encarcelados para el año 2008 muestran que la abrumadora mayoría de quienes violan las leyes en nuestro país son compatriotas: el 79% de los encarcelados son argentinos; un 16% son ciudadanos de países limítrofes y de Perú; y un 5% de otras nacionalidades[3]. Esto da por tierra con los prejuicios de que los delincuentes son “inmigrantes ilegales”.
Y hablando de pequeña burguesía y de miedos, no hay nada que asuste más a los pequeño burgueses que la “inseguridad”, y desde hace años asistimos a un bombardeo mediático que magnifica los hechos de inseguridad multiplicándolos a la enésima potencia, creando la sensación de que estamos en medio de una guerra, mas cuando analizamos las estadísticas con frialdad vemos que la “inseguridad” es una construcción de los medios y que cobra entidad material cuando afecta la vida cotidiana de las personas, aunque esta “inseguridad” sea una construcción del inconciente colectivo.
En otro trabajo[4] mostrábamos cómo, estadísticamente, la inseguridad es una construcción político-ideológica de los medios de comunicación y de los “partidos del orden”, es retórica sin más apoyo material que el pequeño-burgués aterrorizado (lo cual no es nada más y nada menos que un fascista en términos de Brecht).:
Y si de inseguridad se trata basta ver sólo unas cifras relativas a estadísticas sobre delitos para darse cuenta de la campaña orquestada:
- (Durante 2007)… La tasa de delitos contra la propiedad por cada 1.000 habitantes fue en Argentina de 17,8 y en Francia de 37,3; es decir, sufrimos menos de la mitad de robos y destrucciones que en Francia[1]
- En cuanto a la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes, de 7 a 9 puntos entre 1991 y 2002, con picos en 1997 y 2002. Después, desde 2003, la cifra de 9,20 cayó a 5,26 en 2007. Queda así demostrado que lejos de haber aumentado, la tasa de homicidios dolosos, en 2007 cayó casi a la mitad de las cifras de 1997 y 2002. [2]
- Si se compara la situación de Argentina con otros países americanos, nuestra tasa es de 5,4 de homicidios intencionales por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es inferior al 5,8 de Estados Unidos, y mucho menor que el 53,3 de Colombia, el 28,5 de Brasil, el 11,1 de México; igual está Uruguay (5.4), y por debajo Chile (4,2) y Canadá (1,9). (Fuente: Naciones Unidas, Office on drugs and crime, International homicide statistics, www.unodc.org/documents/data-and-analysis/IHS-rates-05012009.pdf). Una observación: la tasa de homicidios en Estados Unidos es mucho más alta en los Estados de la Unión con pena de muerte que en los que no la tienen. [3]
- Otro eslógan afirma que en la Argentina los delincuentes entran a la cárcel por una puerta y salen por la otra. Las estadísticas internacionales muestran que no es así, y que la tasa de encarcelamiento por cada 100.000 habitantes en la Argentina es de 148, cerca de la de España (145), Reino Unido (145), Brasil (191) y México (196). Estamos, pues, ubicados en el medio de la escala; las tasas no son muy bajas ni excesivas, y más bien están en relación con las tasas de delitos. (Los datos utilizados son del National Council on Crime and Delinquency, U.S. rates of incarcelations, a global perspective, Christopher Hartney, Washington, Noviembre de 2006.) [4]
- En un párrafo brillante Calcagno describe el funcionamiento perverso de los medios de comunicación y como construyen un problema social (de hechos individuales aislados se pasa a contruir artificialmente un “problema público”. De este modo los medios producen y reproducen ideología, de este mismo modo se construyó el consenso para las privatizaciones neoliberales): La situación en cuanto a homicidios dolosos mejoró de modo sustancial desde 2003. En 2007, esa tasa era de 5,26 por cada 100.000 habitantes, mientras que fue de 8,0 por 100.000 entre 1991 y 2002. Claro está que esta cifra significa 2.071 homicidios durante 2007, o sea 5,67 por día. Si una cadena de medios de comunicación quisiera dar una sensación de inseguridad, le bastaría con exhibir cinco asesinatos por día en la primera página, y a la semana el país tendrá la sensación de que está en medio de una guerra abierta; algo de eso es lo que está ocurriendo. Si los diarios de Estados Unidos se propusieran hacer lo mismo, no les alcanzaría el lugar para cubrir los casi 50 homicidios que hay cada día, en promedio, en ese país. Aun si lográramos bajar la tasa de homicidios hasta un nivel similar al de Suiza o Suecia, los medios de comunicación podrían seguir dando la sensación de altísima inseguridad, con una amplia cobertura a los dos o tres homicidios por día que seguirían ocurriendo.[5]
- A contramano de la impresión generalizada, las estadísticas internacionales en materia de índices de criminalidad y delito ubican a la Argentina y a Buenos Aires como lugares relativamente seguros, mucho más de lo que podría considerarse a la gran mayoría de los países y ciudades capitales latinoamericanas, así como también a muchas ciudades estadounidenses y europeas. En efecto, al cruzar los resultados del último informe de la ONU en materia de criminalidad (The Tenth United Nations Survey of Crime Trends and Operations of Criminal Justice Systems) con datos oficiales de las 141 naciones estudiadas, aquella que registró las mayores tasas de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes (hod) fue Honduras con 50 casos (2007), y la que menos, Andorra con ninguno (2007). La Argentina se ubica en la posición 53ª, con 5,26 hod en igual año, una cantidad muy inferior a los 39 de Colombia (2007); los 38,6 de Sudáfrica y próxima sede del Mundial de fútbol (2007); los 25,7 de Brasil y sede de los Juegos Olímpicos de 2016 (2006); los 17,9 de Rusia (2007), y los 10,97 de México (2006), para citar algunos ejemplos. Con valores cercanos a los de la Argentina se encuentran, entre otros, los EE.UU., con 5,62 (2006); Perú, con 5,54 (2004), y Turquía, con 4,05 (2005). Y por debajo de la Argentina, se hallan Bolivia, con 4,85 (2006); Escocia, con 2,17 (2007); Inglaterra y Gales, con 1,43 (2007); Portugal, con 1,47 (2007); Alemania, con 0,90 (2007), y España, con 1,12 (2007). [6]
- Asimismo y sobre la base de datos de la CIA World Factbook, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la OCDE, la Argentina no formó parte del tradicional ranking de países con los mayores índices de crímenes, robos y otros desórdenes perpetrados a ejecutivos de empresas privadas, entre el 2003 y el 2006. Al analizar dicho período y sobre un listado de 93 naciones, se observa que Guatemala es el país más inseguro en este aspecto, con la 1ª posición y un 80,44% de los casos delictivos registrados totales vinculados con el sector empresarial (valores al 2003). Le siguen Kenia, Honduras, Jamaica y Brasil, este último con un 52,03% de casos sobre el total (2003). Siguen luego Sudáfrica en la 16ª posición, China en la 28ª, Portugal en la 37ª, Chile en la 39ª, Colombia en la 41ª, España en la 48ª, México en la 56ª, Perú en la 63ª, Paraguay en la 74ª, Alemania en la 81ª y la Argentina en la 86ª (con el 1,56% de casos vinculados con empresarios del total de hechos delictuosos registrados. Cifras del 2006). [7]
¿Qué ocurriría si se afirmara (y repitiera) que del total de los homicidios registrados en el 2007, 32% corresponden a homicidios dolosos y 58% a homicidios culposos ocurridos en accidentes de tránsito? ¿Qué ocurriría si algún medio de prensa afirmara (y repitiera) que la Argentina de los últimos años es la más segura de los últimos 16 años? ¿Qué pensaría la gente a la hora de volcarse por determinado modelo económico y social si se afirmara la existencia de una relación entre la criminalidad, el nivel de desempleo y el PBI? Según la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación (de aquí abreva la ONU para sus estadísticas oficiales), en el 2007 la Argentina registró 1.218.243 hechos delictuosos totales, la menor cifra desde 2005 (menor también que la del 2002, con 1.340.529 de casos). Al analizar la evolución de la tasa de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes, se observa un ascenso franco e ininterrumpido desde 1991 hasta el 2002, para a partir de allí caer de forma continua hasta el 2007. Los hechos delictuosos totales se dividen en ocho grupos, de los cuales los de mayor incidencia se clasifican como “delitos contra las personas” (22,5% de incidencia) y como “delitos contra la propiedad privada” (58,4 por ciento). Los primeros pasaron de una tasa de 255 (cada 100.000 habitantes) en 1991 a 697 en el 2007, ascendiendo casi ininterrumpidamente. Los segundos pasaron de 994 en 1991 a 2.497 en el 2002, para a partir de allí descender de manera continua hasta el 2007, situándose en 1.809 casos.
Tomando en consideración el período 1991-2007 y siempre sobre la base de las estadísticas del referido ministerio, a su vez trabajadas con datos suministrados por las provincias, surgen las siguientes apreciaciones:
1) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la década del ’90 (1991-2000), es decir durante los dos gobiernos de Carlos Menem, fue de 7,86.
2) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes durante el gobierno de Fernando De la Rúa (este autor no tiene en cuenta los asesinatos del 20 y 21 de diciembre de 2001) fue de 7,68.
3) El promedio de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes de la época kirchnerista (2003-2007) fue de 5,9, un 25% menor que durante los gobiernos citados.
4) En materia de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes, el país registró en el 2007 la tasa más baja desde 1991: 5,26 (7,3 fue la de 1991).
5) Desde el 2002 que la tasa de homicidios dolosos viene cayendo considerable y sostenidamente: de 9,2 en el 2002 a 5,26 en el 2007.
6) Desde el 2005 que la tasa de homicidios dolosos se mantiene casi estable (aunque sensiblemente a la baja). Igual evolución siguió el grupo de hechos delictuosos contra la propiedad, no así el grupo de hechos delictuosos contra las personas.
7) El mayor aumento continuo registrado de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre 1991 y el 2002.
8) La más marcada y progresiva disminución de hechos delictuosos cada 100.000 habitantes ocurrió entre el 2002 y el 2007.
9) La tasa de hechos delictuosos del 2007 es apenas superior a la del 2000.
Ahora bien, cualquiera que haya estudiado, leído o escuchado de economía, no puede omitir vincular estas inferencias con, justamente, el derrotero socioeconómico nacional durante la última década y media. En 1991, la tasa de desempleo era de 6%, cifra que llegó al 17,3% en 1996, luego cayó al 12,4 en 1998 para volver a subir de manera abrupta hasta el 2001-2002. Dicha tasa declina de manera igualmente abrupta y continuada desde el 2002 hasta el 2008. Algo similar ocurrió con la tasa de crecimiento del PBI. En 1987, fue de 2,5%; entre 1988 y 1990 fue negativa; entre 1991 y el 2000 fue discontinua y por momentos negativa. El pico máximo alcanzado tanto en la tasa de hechos delictuosos totales como en la de homicidios dolosos se registró en el 2002, luego de cuatro años de PBI negativos (1999-2002) y estampida del desempleo, de 13,8 a 17,8 por ciento. La evolución más favorable registrada por las dos tasas antedichas y durante los últimos 16 años se produce entre el período 2003-2007. Por cierto, un período durante el cual se experimentó el mayor crecimiento continuo del PBI y a las mayores tasas de su historia, esto en un contexto de industrialización creciente, por demás redistributivo y con énfasis en el Estado como actor estratégico de la vida nacional. Finalmente, la profunda desaceleración en la disminución de los hechos delictuosos y homicidios dolosos registrados entre el 2005 y el 2007 –a pesar de la baja progresiva que en dichos años registró el desempleo como el aumento del PBI– denotan la presencia de fallas estructurales inherentes a la política criminal nacional que deberán ser abordados y corregidos de forma perentoria. Si bien ésta es una primera aproximación, salta a la vista la estrecha relación existente entre la evolución de los hechos delictuosos y los homicidios dolosos con la tasa de desempleo y la evolución del PBI nacional. ¿Y si los argentinos supieran de esta relación y comenzaran luego a relacionar estos parámetros con modelos económicos y sus respectivos representantes políticos? ¿Y si los argentinos supieran que su país es mucho más seguro que la próxima sede del Mundial de fútbol o que la sede de los Juegos Olímpicos del 2016? Al neoliberalismo criollo, aún amo y señor de los medios masivos de comunicación, poco le importa llevar al banquillo de los acusados a delincuentes, asesinos o mafiosos. Es el modelo vigente el gran enemigo. Es el Estado el verdadero flagelo, el gran bribón. La imagen de un país “inseguro” al extremo con un Estado ineficaz y corrupto, es una de las pocas herramientas (aunque en estos momentos la más certera y letal) con las que cuenta el modelo agroexportador para regresar a la Casa Rosada.[8]
La pequeña burguesía teme a los inmigrantes porque le recuerdan sus propios orígenes y miserias, les recuerdan que ellos (sus antepasados ya estuvieron alli). Y despliegan un arsenal de lugares comunes de la miseria moral: “Por que el estado no me da una casa también a mi en vez de a ellos”, “mis abuelos también fueron inmigrantes pero ellos eran trabajadores, no como ‘estos’ que vienen ilegales a delinquir”, etc.
Nadie en su sano juicio puede creer que alguien desea para sus hijos la marginalidad y la carencia, sin embargo, los pequeño-burgueses asustados estigmatizan a estos sectores sociales que no poseen nada de nada y salen a luchar por los derechos humanos básicos, “acusándolos” (como hacía la burguesía naciente) de ser responsables de la situación de marginación social que sufren.
Mientras estos sectores pequeño burgueses fascistoides se llenan la boca de discurso antipiquetero invocando el derecho constitucional a la libertad de circulación (derecho que no invocaban ante la flagrante violación del mismo que hacía, por mezquinos intereses sectoriales, la gran burguesía agraria) y se olvidan de otros derechos constitucionales como el derecho a una vivienda digna o el derecho de todos los hombres de buena voluntad del mundo de habitar el suelo de la Nación Argentina. Esa es la ceguera selectiva del fascista pequeño burgués, está cegado por sus prejuicios.
Ante circunstancias como la del “parque” Indoamericano, el fascismo pequebú aprovecha para arremeter con todo el arsenal de prejuicios xenófobos. No es de sorprender que ante tal grado de fascistización “invisible” de la “masa” pequeño-burguesa de la Ciudad de Buenos Aires, un noqui fascista haya sido electo Jefe de Gobierno.
La pequeña burguesía asustada tiene una increíble facilidad para elegir a sus verdugos como líderes; en Italia en la década de 1920 apoyó a Mussolini, en Alemania en la década de 1930, y en Argentina apoyó en 1976 el “orden” que proponía la Dictadura Genocida, en 1989 apoyó el modelo neoliberal de desguace del Estado, al cual volvió a dar su apoyo en 1995 y en primera vuelta en 2003 (es realmente increíble); no contentos con esto en 2007 llevan al gobierno de la Ciudad a Mauricio Macri, un “empresario” cuya fortuna familiar se amasó a expensas del Estado, y cuyo programa “político” es la destrucción del estado. Como dijeron Chomsky y Bonnefeld, el programa neoliberal no es la destrucción del estado intervencionista, sino su readecuación para intervenir en función de los intereses de las clases hegemónicas; el fallido de Ricardo Alfonsín que el Estado debe intervenir a favor de los que más tienen es toda una definición por si sólo.
En estos días asistimos también a un hecho inédito, el novelista Marcos Aguinis, crítico acérrimo de la banalización del Holocausto/Shoá en una inexplicable y oportunista cabriola se pasó al lado de los banalistas al comparar al Kirchnerismo con el nazismo. En efecto, la frase de Aguinis equiparando la imagen de niños que entregan flores a la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner con las escenas documentales de niños entregando flores a Adolf Hitler habla de la catadura moral de Aguinis quien en su negación patológica de lo popular no duda en banalizar la Shoá con el mezquino objetivo de desacreditar al gobierno. Con esa frase Aguinis se coloca del lado de los negacionistas y banalistas a quienes tanto critica pero que él emula por mezquinos intereses políticos. En este mismo orden de uso ofensivo y banalista del Holocausto por motivos egoístas y odio de clase, podemos colocar la frase de Mariano Grondona llamando a los Jóvenes militantes de La Cámpora "Juventudes Hitlerianas". Estos hechos, a pesar de su gravedad, han pasado “desapercibidos” en comparación con las críticas que despertaron las poco felices palabras del ministro de Economía Amado Boudou quien comparó a dos periodistas con los Sonderkommando que limpiaban las cámaras de gas nazis.
Pero Aguinis estas declaraciones no sorprenden, ya había comparado a Kirchner con Hitler. Pero, sorprendentemente quien fue escriba de los “nazis argentinos” no fueron ni Néstor ni Cristina sino el propio Aguinis. En efecto, ya que en 1977 ha escrito por encargo de la DAIA ante una solicitud de la Armada (la misma que en esa época dirigía Massera y mantenía funcionando el campo de concetración en la ESMA) un libro sobre el Almirante Guillermo Brown, como el mismo confirmó al diario Perfil, además dijo que está feliz por haber escrito esa obra “de cuyo ritmo y calidad no me arrepiento”.
Estas declaraciones de Aguinis se inscriben en la misma línea ideológica que los dichos xenófobos que afloraron con motivo del episodio del Parque Indoamericano durante la semana anterior. Prejuicios y más prejuicios que afloran manchando todo, tiñendo todo.
Lo peor es que estos sujetos no dudan en banalizar el crimen más atroz con el único y mezquino fin de sacar rédito político o presentarse como “intelectual orgánico” de una oposición que es una comparsa de neoliberales “exitosos”; de “críticos” fracasados; desde cultores de la violencia y el golpismo hasta la gran burguesía agraria y la gran burguesía comunicacional. Esta oposición impresentable, una alianza de personajes como Carrió, Vázquez, Hotton, Bullrich, Bergman, Aguinis, Macri, Grondona, Morales Solá, y demas fauna y flora que pululan por las hojas y pantallas de los medios de los oligopolios de prensa.
[1] Natanson, José: Política, Inmigración y Prejuicios. Diario Página 12 del 13/12/2010, disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/158561-50851-2010-12-13.html
[2] INDEC: Origen de la población nativa y no nativa según censos nacionales. Años 1914 – 1991. Disponible en http://www.indec.gov.ar/nuevaweb/cuadros/2/a2001_020307.xls
[3] Fuente De Los Datos: Sistema Nacional De Estadísticas Sobre Ejecución De La Pena. Informe Anual Servicio Penitenciario Federal. SNEEP 2008. Dirección Nacional De Política Criminal. Subsecretaría De Política Criminal. Ministerio De Justicia, Seguridad Y Derechos Humanos http://www.jus.gov.ar/media/108982/Informe%20SNEEP%20SPF%202008.pdf
[4] Brodsky, Patricio: ¿OPOSICIÓN O DESPROPÓSITO?. Publicado en http://patobro.blogspot.com/