Por
Patricio A. Brodsky
4/5/2012
Este
escrito nace a partir de la lectura de un Tweet de Martín Caparrós fechado el 3
de mayo de 2012 a las 11:28 horas, en el dice:
“Va de nuevo: la mezcla patriotera de deporte
y guerra es de las peores basuras populistas del siglo XX. Pregúntenle al
Adolfo. #AsíEstamos.”
Ese
mensaje, así de sencillo, contiene en si una serie de barbaridades más propias
de un fanático que de un intelectual.
La
apelación a la comparación con el nazismo es, por un lado un etiquetamiento sin
sentido, una mera descalificación del adversario/enemigo rebajándolo al lugar
del mal radical; por otro lado es una brutal banalización del Holocausto, la
política nazi pasaba centralmente por el antisemitismo radical, el culto
patriotero de la raza, la jerarquización de la sociedad a partir de los
orígenes étnicos y su política belicista era una consecuencia de ello (la
necesidad del Levensraum –“Espacio Vital”). Solamente a alguien muy tilingo, de
pensamiento superficial y guiado por lo aparente puede encontrar siquiera algún
parecido entre la Alemania Nazi (su política guerrerista articulada con su
aparato de propaganda, la férrea censura, la persecución y muerte de la
oposición, etc.) y la Argentina Kirchnerista en la cual un gobierno es atacado
desde los grandes medios de comunicación nacionales y extranjeros, desde la
pluma de prestigiosos intelectuales como Caparrós, que no tienen pudor en hacer
estas comparaciones obscenas. Escritos o pensamientos como esos son expresión
de prejuicios, son escritos que tienen más de catárticos que de análisis de la
realidad, hablan más de lo que siente quien los escribe que de acontecimientos
reales.
Quien
plantea ese tipo de analogías o no tiene ni idea de lo que fue el nazismo o no
tiene ni idea de lo que es el kirchnerismo o no tiene ni idea de los límites
éticos ante la banalización. Para quien conoce lo que realmente fue el nazismo,
la comparación de Caparrós es de una válida como equiparar el agua y el
petróleo porque ambos son líquidos. La única similitud entre la Alemania Nazi y
la Argentina kirchnerista es la primera letra de los nombres de ambos países. Y
a pesar que ambos fueron gobiernos democráticamente electos hay un abismo de
diferencia (el nazi degeneró en dictadura unipartidaria con una férrea censura
de prensa y un enorme aparato de propaganda, comenzó a perseguir a los
opositores apenas llegados al gobierno e inauguró el primer campo de
concentración, Dachau, al mes de asumir el poder; Hitler fue electo Canciller
del Reich –Primer Ministro- el 30 de enero de 1933 y Dachau fue inaugurado el 21 de marzo de 1933).
Para quien sabe lo que fue el nazismo la comparación entre este y
cualquier otra situación no le aporta absolutamente nada, lo peligroso es que
para aquel que no tenga idea de lo que fue el nazismo, la comparación banal no
demoniza a quien es etiquetado como nazi (en este caso el gobierno de CFK por
la propaganda), sino que trivializa lo que fue el nazismo y el alcance de sus
crímenes. Por eso digo que esas comparaciones son prejuicios que nublan el
sentido de quien realiza estas comparaciones banales o bien porque considera
que el nazismo no fue uno de los más horrendo crímenes del siglo XX, o bien
porque tienen tan deformada la mirada por el odio al objeto de su análisis que
sinceramente lo ven asemejable, lo cierto es que sea una u otra la razón que
los guía, el resultado objetivo es la banalización del nazismo. Lo mismo
criticaba un tiempo atrás de la comparación de Lanata de Diego Gvirtz con
Joseph Goebbels, como si fuese válido comparar al Ministro de Propaganda de un
régimen genocida con un empresario televisivo (aun si coincidiéramos con el
enfoque de Lanata), sólo porque ambos usan la mentira como base de sus
intervenciones. Análisis de ese tipo son de lógica formal aristotélica:
“Gobbels miente y hace propaganda”, “Gvirtz miente y hace
propaganda” ergo “Goebbels=Gvirtz”
Siguiendo esa línea de razonamiento uno podría decir:
“Hitler usaba bigote”, “Stalin usaba bigote”, “Caparrós usa bigote”
ergo “Hitler=Stalin=Caparrós”,
Esa forma de razonar y de argumentar por analogías superficiales es
muy poco seria.
Quizás el punto que Caparrós ve en común es la apelación a la
movilización de masas, en un caso, el nazi, fue para construir una dictadura
unipersonalista, en el otro es un efecto de la repolitización de la sociedad.
La propaganda que horrorizo a Caparrós es, a mi modo de entender,
una excelente acción propagandística dirigida, no al público ni argentino, ni
inglés, ni a la colonia inglesa transplantada a Malvinas hace casi dos siglos[1], sino que esa propaganda va más bien dirigida hacia el público
internacional aprovechando una situación de competencia deportiva para
politizarla (la politización de los juegos olímpicos no es un invento de este
gobierno, recordemos que en 1936 la Alemania Nazi los utilizó como un hecho
político de propaganda de la “superioridad” aria, lo que fue frustrado en parte
por el gran desempeño de Jesse Owens; en las
Olimpíadas de Mexico 1968, los atletas estadounidenses negros Tommie Smith y
John Carlos ganaron los 200 metros. Subieron al podio descalzos y saludaron con
el puño cerrado y cubierto con un guante negro (el saludo de los Panteras
Negras norteamericanos quienes luchaban por los derechos de los negros en
EE.UU.), el Comité Olímpico Internacional los expulsó; en 1972 en Munich, un comando terrorista árabe secuestró y asesinó
a la delegación de atletas israelíes y finalmente en 1980 los EE.UU. y 64
países más boicotearon los juegos olímpicos de Moscú como protesta por la
invasión soviética a Afghanistán; la respuesta soviética fue convocar un boicot
contra las olimpíadas de 1984 que se realizarían en Los Ángeles, en este caso
fueron la URSS y 14 países más los que no concurrieron.
Lo
impactante y provocador de la propaganda es que se realizó en territorio
Argentino ocupado por una potencia extranjera que, en los últimos meses,
posiblemente allí sí como un intento desesperado, patriotero y demagógico-populista
para sumar adhesiones en el contexto de una profunda crisis económica y social,
recurrió a una serie de provocaciones como, por ejemplo, intentar disponer
unilateralmente de las reservas petrolíferas halladas en la región, así como
explota sin control la riqueza ictícola, a pesar de eso también estar regulado
por convenciones sobre la ocupación territorial[2]. Por
otro lado no se violó ninguna ley porque no está prohibido filmar en los
lugares donde se filmó y no hay que solicitar permiso para hacerlo.
Ya
en 2010 hubo una publicidad de Presidencia de la Nación en la cual se hacía una
clara referencia a la convivencia en las Islas Malvinas, y se puede ver en este
enlace http://youtu.be/adl3dfiH6ug
donde queda claramente expresada explícitamente la intención del gobierno
argentino de recuperar la soberanía territorial pero no hacerlo de cualquier
forma sino mediante la negociación y el respeto por la población ocupante, la
consigna central del aviso es explícita en ello "Este es el futuro que
soñamos para Malvinas. Trabajar en paz para conseguirlo es la mejor manera de
honrar la memoria de los caídos". En esta coyuntura, al realizarse las
olimpíadas en Londres, capital del imperio colonial ocupante, se realizó otro
spot publicitario que se puede ver aquí http://youtu.be/xNbbw3qudrI
Este spot es el que Caparrós asimila a la relación populismo, guerra, deporte y
nazismo. La consigna central del spot, “Para competir en suelo inglés,
entrenamos en suelo argentino”, para marcar la distancia entre el suelo de la
metrópoli, Londres, y el suelo argentino ocupado ilegítimamente, las Islas
Malvinas.
Otro
tema adicional que surge del tweet de Caparrós es el uso de los conceptos, “patriotera”
y “populista”; las élites (en el mal sentido de la palabra), las “vanguardias”
aisladas en castillos de cristal desprecian todo lo relacionado con las clases
subalternas, no ven patriotismo sino patrioterismo, no ven popular sino
populismo.
“Patriotismo.[3]
1. m. Amor a la patria. 2. m. Sentimiento y
conducta propios del patriota.”
“Patriotero, ra.[5] 1. adj. coloq. Que alardea excesiva e inoportunamente de patriotismo. U. t. c. s.”
Me pregunto: ¿se puede acusar a un gobierno de “alardear excesiva e
inoportunamente de patriotismo” para calificar una propaganda de un gobierno
que responde a provocaciones belicistas con reclamos de diálogo o con
reafirmaciones de sus derechos territoriales sobre un territorio propio ocupado
por una potencia enemiga?
“Popular.[6] (Del
lat. populāris). 1. adj.
Perteneciente o relativo al pueblo.
2. adj. Que es peculiar del pueblo o procede de él. 3. adj. Propio
de las clases sociales menos favorecidas.
4. adj. Que está al alcance de los menos dotados
económica o culturalmente.
5. adj. Que es estimado o, al menos, conocido por el
público en general. 6. adj. Dicho de una forma de cultura: Considerada por
el pueblo propia y constitutiva de su tradición.”
La segunda de las asociaciones que hace Caparrós (populistas por
popular) presenta aún más conflictividad ya que según el propio diccionario de
la RAE, en su primera acepción, son sinónimos. Y para complicarlo más aún, la
palabra populismo para la RAE no existe (aunque si existe el populismo como
concepto, entiendo que Caparrós usa aquí la construcción discursiva “Basura
populista” en el sentido de oportunismo demagógico, ya que lo que suele
entenderse por populismo es aquel gobierno que se aprovecha y abusa demagógicamente
de medidas de gobierno ligadas a reclamos populares, destinadas a ganar la
simpatía de la población (el ejemplo más típico son las acusaciones en este
sentido al gobierno del Gral. Perón de utilizar de esta manera la Justicia
Social o los reclamos al Kirchnerismo de utilizar de esta forma los DD.HH. o la
causa Malvinas.
Sea como fuere, la relación directa que hace Caparrós entre
Malvinas y guerra es propia del discurso vergonzante de la derecha liberal de
este país para la cual la causa Malvinas es una vergüenza, es la huella mnémica
que le recuerda a esa derecha su apoyo activo a la dictadura militar, por eso
intentan “desprenderse” de la culpa renunciando al derecho soberano sobre ese
territorio con la excusa de “ya perdimos la guerra”. La causa Malvinas excede
los límites de la aventura militar de 1982, es un problema geopolítico
vinculado al sistema de ocupación colonial que ya arrastra casi 200 años.[8]
Lo cierto es que existe un grupo de opositores, políticos,
periodistas, etc., cuyo odio al gobierno es tan irracional que los lleva a
renunciar principio sostenidos por ellos mismos durante décadas con el fin de
oponerse a las políticas y posturas de gobierno. Este es, por ejemplo, el caso
de Jorge Lanata cuando, después de exigir justicia y memoria durante más de dos
décadas termina asumiendo posturas lamentables como cuando dijo “Me tienen
harto con la dictadura”.
Nuevamente, muchos de los escritos y posicionamientos actuales
tienen más que ver con una expresión de deseos de ciertos sectores o grupos de
personas. Tienen tantas ganas de que la realidad sea de esa manera, que,
sinceramente creo, la ven así. Vivimos en dos realidades diferentes, por eso me
parece atinada una consigna del programa 678 acerca de un país real y un país
virtual. En uno la tasa de criminalización baja, en el otro la percepción de la
inseguridad sube. Por ello es que hay dos realidades paralelas, dos discursos y
dos miradas diferentes acerca de lo que se está viendo, la diferencia es que
una de ellas es producto de la fantasía, de allí que en estos años haya habido
tantas profecías apocalípticas sin sentido las cuales, obviamente, no se han
cumplido porque son análisis basados en creencias y no en datos y hechos.
[1] A propósito, respecto a la autodeterminación de los
malvinenses/falklauders, reclamada por algunos “intelectuales”, veamos que dice
el derecho internacional:
“Los deberes de la Potencia
ocupante se establecen principalmente en el Reglamento de La Haya de 1907
(arts. 42 a 56), en el IV Convenio de Ginebra (IV CG, arts. 27 a 34 y 47 a 78),
así como en ciertas disposiciones del Protocolo adicional I y del derecho
internacional humanitario consuetudinario.
Los acuerdos celebrados entre
la Potencia ocupante y las autoridades nacionales no pueden privar a la
población del territorio ocupado de la protección otorgada por el derecho
internacional humanitario (IV CG, art. 47) y las personas protegidas no
podrán, en ninguna circunstancia, renunciar a sus derechos (IV CG,
art. 8).
Las principales normas del
derecho aplicable en caso de ocupación establecen lo siguiente:
·
El
ocupante no adquiere soberanía sobre el territorio.
·
La
ocupación es sólo una situación temporal y los derechos del ocupante se limitan
a la duración de ese período.
·
Se
prohíben los traslados en masa o individuales de índole forzosa desde el
territorio ocupado y dentro de él.
·
Se
prohíben los traslados de la población civil de la Potencia ocupante al
territorio ocupado, independientemente de que
sean de índole forzosa o voluntaria.”
De la página de la Cruz Roja
Internacional: http://www.icrc.org/spa/resources/documents/misc/63xknp.htm
[2] “El ocupante no adquiere la propiedad de los bienes inmuebles
públicos en el territorio ocupado, ya que sólo actúa como administrador
temporal. No obstante, con sujeción a restricciones relacionadas con su
explotación y su uso, puede utilizar la propiedad pública, incluidos los
recursos naturales, pero debe proteger su valor de capital según las reglas del
usufructo. (Reglamento anexo de La Haya, art. 55).”
[3] Definición de la Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=patriotismo
[4] Definición de Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=patrioterismo
[5] Definición de la Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=patriotero
[6] Definición de la Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=popular
[7] Definición de la Real Academia Española http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=populista
[8] En
1764 las Islas Malvinas fueron ocupadas por Francia, quien se retiró dos años
después, reconociendo la soberanía española sobre el archipiélago. En 1811
fueron deshabitadas por los españoles quedando desiertas hasta 1820. En 1820 el
gobierno de Buenos Aires envió una fragata a tomar posesión y reafirmar sus
derechos en las Malvinas, como sucesión de España. Desde 1823 concedió a Luis
María Vernet la explotación de recursos de las islas. El 10 de junio de 1829 se
creó la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas con asiento en la
isla Soledad y jurisdicción en las islas adyacentes al cabo de Hornos. Las
actividades de contralor que Vernet llevó a cabo contra barcos balleneros
hicieron que la corbeta de guerra Lexington de los Estados Unidos
destruyera las instalaciones de Puerto Soledad. El 2 de enero de 1833 llegó la
fragata de guerra británica HMS Clio, al mando del capitán John James
Onslow, quien comunicó al jefe argentino que iba a reafirmar la soberanía
británica y retomar posesión de las islas en nombre del rey de Inglaterra. El
capitán de la goleta Sarandí, José María Pinedo, no se consideró en
condiciones de resistir y optó por embarcar a sus hombres y retornar a
Argentina. Al día siguiente desembarcaron las fuerzas británicas, izaron su
pabellón y arriaron el que había dejado Pinedo, tomando posesión de las
Malvinas.